Mártires de Paracuellos

“Sabemos que nos matáis por católicos y religiosos. Lo somos. Os perdonamos a todos. ‘¡VIVA CRISTO REY!” (Últimas palabras del Beato Avelino Rodríguez, padre provincial de los Agustinos)

(ADI).- El 4 de noviembre pasado se cumplió un nuevo aniversario del fin de las atrocidades y asesinatos cometidos en masa, durante la guerra civil española, en Paracuellos de Jarama (España) por los milicianos del Frente Popular. Esta barbarie fue llevada a cabo entre el 6 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936.

Bajo pretexto del traslado de los presos a Valencia comenzaron las llamadas “sacas” desde las diversas cárceles. Pero no llegaron a destino… se detuvieron en Paracuellos y de allí subieron los mártires la empinada colina de la cruz que los llevó al Cielo.

Se estima que el total de víctimas enterradas en el cementerio de los mártires son 8.354. Algunos no fueron asesinados allí, sino en lugares cercanos (de Boadilla del Monte, Torrejón de Ardoz, cementerio de Caravaca, etc), según el Archivero-Historiador Arsenio de Izaga en su libro Los presos de Madrid (Madrid, 1940).

A un costado del recinto se puede ver hoy el grupo de pinos bajo los cuales se detenían los camiones que transportaban a los presos. Los hacían descender y allí aguardaban su turno, presenciando el fusilamiento de sus compañeros, rezando, llorando, confortándose recíprocamente, recibiendo bendiciones y absoluciones de los sacerdotes y religiosos que iban a morir con ellos.

A uno y otro costado del camino que viene desde esos pinos se han encontrado 7 grandes fosas donde se hallan los restos de los mártires. Las más grandes son la n°4 con 160 m. x 4 m. (mártires del 4 al 9 de noviembre y otros desconocidos); la fosa n°6 de 120 m. x 8 m (mártires del 3 y 4 de diciembre y otros desconocidos) y la fosa n° 5 de 80 m x 8 m, con mártires del 28 al 30 de noviembre).

Muchos de ellos morían ametrallados y como eran atados de a dos con cuerdas y alambres, al caer a la fosa común, el peso de unos arrastraba a los demás. En la mayoría de los cuerpos exhumados- casi 1.000 – no hay rastros del tiro de gracia. Se les dejaba morir desangrados en una lenta agonía o se les echaba tierra encima aún antes de morir.

Muchos de ellos eran profesionales, militares, médicos, escritores, religiosos y sacerdotes. Entre las víctimas se hallaban familias completas, padres e hijos. Hay un listado de 276 menores de edad. Hasta el momento 143 han sido beatificados 142 religiosos y 1 laico.

Se hallan entre los mártires, miembros de diversas congregaciones religiosas: agustinos, capuchinos, carmelitas, carmelitas descalzos, claretianos, dominicos, escolapios, franciscanos, hermanos de las Escuelas Cristianas, hospitalarios de San Juan de Dios, jerónimos, jesuitas, marianistas, maristas, misioneros oblatos, paúles, pasionistas, redentoristas, Sagrados Corazones de Jesús y María, así como salesianos.

Uno de los testigos de prisión de los mártires, Arsenio de Izaga, escribió: “Cuadro espantoso aquel cuadro… espectáculo escalofriante el terrible piquete de forajidos que disparaba sus fusiles o sus ametralladoras sobre unos hombres de bien de toda profesión, de toda categoría y de toda edad.

Sacerdotes y seglares, militares y paisanos, ricos y pobres, patronos y obreros, desde los que habían pasado los dinteles de la ancianidad hasta los que apenas habían salido de la niñez, mientras sus compañeros de infortunio, hacinados sobre los vehículos o apelotonados a la vera del camino, esperaban el turno fatal y contemplaban indefensos el suplicio que poco después iban a sufrir….

Yo que conocí el temple de sus pechos, lo adiviné cuando vi que salían de la prisión con el resplandor de los elegidos… Ninguno renegó de sus convicciones religiosas y patrióticas. Ninguno dio la más leve prueba de vacilación ni de flaqueza.

Todos se negaron a prestar adhesión al régimen que los estaba envileciendo, a pesar de que se les ofrecía como único medio de salvarse. Todos se animaban entre sí, y oponían a las blasfemas imprecaciones de sus verdugos, su fe de creyentes y su altivez de españoles.

Todos recibían la helada caricia de las balas como el galardón eterno que el Cielo les tenía prometido y el beso que la Patria imprimía en sus frentes de Cruzados. Y no se había extinguido el eco de la última descarga, cuando aún resonaba en el espacio su vibrante grito, ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva España!”.

El 28 de mayo del 2017, se abrió en Paracuellos de Jarama una comunidad de las “Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará”, Familia Religiosa del Verbo Encarnado.

Las hermanas se han hecho cargo de esta “Catedral de los mártires” y colaboran además con el apostolado parroquial de una Iglesia vecina. La comunidad de religiosas tiene como Patronos a los Mártires de Paracuellos. Ellos son un aliciente constante para ser fieles a Dios y dar la vida por Jesucristo día a día por medio de su consagración religiosa.

 

 

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