Los sacerdotes, en el punto de mira de los escuadrones de la muerte en Filipinas

(ADI).- “Habría podido ser el cuarto cura asesinado en la oleada de ejecuciones extrajudiciales que caracteriza el régimen del presidente Duterte”. Lo reconoce el propio afectado, el redentorista Amado Picardal. El motivo, ser una de las voces críticas con mayor autoridad contra Rodrigo Duterte.

“He predicado y escrito contra las ejecuciones extrajudiciales en los últimos 20 años”. En esta línea, el religioso publicó un Informe especial sobre los homicidios de los escuadrones de la muerte en Davao (entre 1998 y 2015). Su trabajo fue incluido en la denuncia contra el presidente filipino presentada ante la Corte Penal Internacional. Asimismo, el P. Picardal ha refugiado a algunos colaboradores arrepentidos del régimen de Duterte.

Desde hace algunos días, el redentorista sospechaba que le estaban siguiendo. Varias motocicletas rondaban sin cesar por su residencia en Cebu City. “Estaban vigilando su casa, sus movimientos, sus costumbres. También habían comenzado a hacer preguntas sobre él a los vecinos”, detallaron fuentes conocedoras del caso.

Frente a este situación, el sacerdote no ha tenido otra opción más que retirarse a un lugar seguro. “La tranquilidad de la rutina, hecha de silencio, oración y fraternidad con los hermanos Redentoristas podía poner en riesgo mi vida”. De esta forma, el P. Picardal permanecerá oculto, alejado de los medios, durante algunas semanas o meses.

Las amenazas contra el redentorista comenzaron en 2017. “Me dijeron que yo estaba en lo alto de la lista de los escuadrones de la muerte”. Luego, “recibí un correo electrónico que me acusaba de ser un adicto y me amenazaba [durante el régimen de Duterte se han producido 25 mil ejecuciones extrajudiciales en una supuesta lucha contra la droga]”. Por último, “una fuete fiable me dijo que efectivamente yo era uno de los blancos”.

Dada la situación, el religioso dejó Manila en marzo y se trasladó a un monasterio en Cebu, pero no fue suficiente. Un día el guardia del convento, cuenta él mismo, “me advirtió de la presencia de seis hombres en tres motocicletas, con el rostro cubierto, cerca de la entrada del monasterio y de la Iglesia entre las 17 y las 18 horas. Normalmente ese era el momento en el que yo iba al supermercado y al bar. Si hubiera salido de casa, no habría tenido escapatoria”.

Los escuadrones habían vuelto a encontrarle así que no le ha quedado otra opción ahora que volver a escapar a un lugar seguro. Allí se dedicará a la oración, al estudio, a la escritura. “Siempre he sabido que mi vida habría estado en peligro, y lo he aceptado, para cumplir con mi misión profética. No temo la muerte. Estoy listo para aceptar el martirio, pero no lo busco ni seré un objetivo fácil”. “Seguiré hablando en contra del mal en la sociedad a través de mis escritos. Ayunaré y rezaré para que el Señor nos libre del mal. Mientras tanto, pido que mis amigos recen por nuestro país y por mi seguridad”, concluyó.

Antes de la reelección de Duterte como presidente de Filipinas, muchos eclesiásticos se pronunciaron en contra de esta posibilidad. Una vez elegido, el mandatario no ha dudado en expresar su resentimiento a la Iglesia católica y ha descreditado sin piedad las iniciativas, palabras o ideas del clero local.

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