Se intensifica dramáticamente la persecución contra los cristianos en China

(ADI).- El presidente de la República Popular China, Xi Jinping, afianzó su mandato por tiempo indefinido a principios de este año. Un viento gélido, acompañado de una sombra oscura, empezó a arreciar contra los cristianos chinos.

La situación para la Iglesia en China nunca ha sido un camino de rosas, pero la realidad que viven actualmente los fieles hace recordar a algunos la represión que vivieron durante el periodo de la Revolución Cultural (1966 – 1976).

Nada más comenzar su renovado mandato, Xi Jinping implementó como una de las primeras medidas la revisión del Reglamento de Asuntos Religiosos, con el que supuestamente pretende “mantener la legalidad, frenar la ilegalidad, bloquear el extremismo, resistir la infiltración y atacar el crimen”.

Primero, comenzaron a cerrar las cuentas de personas y grupos que publicaran noticias o material religioso en las redes sociales Weibo y WeChat. Después, tras la prohibición de vender Biblias (en marzo de este año), se prohibieron también libros sobre el cristianismo y se retiraron las licencias comerciales de algunas tiendas que los tenían en su stock.

Las cosas van mucho más allá, el Gobierno chino prohibió a los cristianos realizar actividades pastorales. La norma comenzó a aplicarse en la provincia de Henan y ahora se ha extendido por otras regiones. Por su parte, las parroquias de las localidades de Zhumadian y Zhoukou Read cancelaron toda su programación hasta próximo aviso.

En la provincia de Tanghe, las autoridades entraron en reuniones de la Iglesia clandestina (que se celebran en casas) para disolverlas y ordenaron a todos los participantes que se registraran en la Iglesia oficial, dirigida por el régimen comunista. Según diferentes testigos, amenazaron con castigar a quienes se negaran a cumplir la orden y, por si acaso, advirtieron que quien continuara reuniéndose de forma clandestina sería multado con 30 mil yuanes (alrededor de 3.800 euros).

En la provincia de Shanxi, un conocido templo de la ciudad de Linfen fue destruida con dinamita. La construcción había sido hecha solo con los donativos de los fieles. En Zhifang, el jardín de niños Tian-ai fue cerrado por los funcionarios, ya que estaba dirigido por una parroquia.

El presidente del Frente Unido chino, Zhang Yijiong, manifestó recientemente la necesidad de “sinificar” la religión católica. Una “sinificación” que a la larga impediría que los fieles “utilizasen la religión para dañar la seguridad nacional y la unidad del Estado”.

En una conferencia sobre la religión en el país asiático, el presidente y fundador de la asociación China Aid, Bob Fu, aseguró que la persecución a los cristianos ha aumentado “dramáticamente” durante el mandato de Xi Jinping, que profesaría una manifiesta “aversión al cristianismo”.

Para ilustrar esta ominosa realidad, Fu echó mano de los datos, que no dejan de ser escalofriantes: “De acuerdo con nuestra labor documental, el número de cristianos perseguidos por su fe el pasado año fueron 223 mil, por los 48 mil de 2016”. Esto avala la hipótesis del presidente de China Aid, pues muestra cómo el mandatario de la República Popular China ha ido incrementando la represión contra los seguidores de Cristo.

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