Religiosa iraquí: La convivencia en las tierras donde el islam es mayoritario es muy difícil

Iván de Vargas (ADI).- Diferentes congregaciones religiosas han vivido en primera persona la persecución que el Estado Islámico ha infligido a los cristianos de Irak y sobre todo del norte del país, donde siempre se ha concentrado el mayor número de fieles.

Durante una conversación informal con Amigos de Irak en uno de los conventos del barrio de Ankawa, una joven monja ha rememorado los años de terror y barbarie que han sufrido los cristianos con la irrupción de la organización extremista en los pueblos de la Llanura de Nínive. Una situación que nadie ha podido borrar de la retina.

En el verano de 2014, unos 120 mil fieles fueron obligados a huir de sus hogares con lo puesto, para no tener que renunciar a su fe. La gran mayoría lograron refugiarse en la región del Kurdistán iraquí, especialmente en su capital, Erbil. Gracias a la ayuda de diferentes instituciones de la Iglesia, se pudo responder paulatinamente a la gravísima crisis humanitaria provocada por el avance de las huestes de Abu Bakr al Baghdadi. En el campo de desplazados Asti 2, son todavía muchas las familias cristianas que aún viven en caravanas.

Fruto de las presiones y los continuos ataques de los islamistas, la presencia cristiana ha disminuido dramáticamente en los últimos años en todo el país. Las estimaciones sugieren que el número de fieles en Irak ha caído a unos 200 mil de los más de 1,5 millones que se registraban en 2003. Muchos cristianos han sido asesinados, otros han huido de la tierra que les vio nacer, solo unos cuantos se han quedado aunque deben convivir con el riesgo de ser víctimas del odio cada día de sus vidas.

Según la religiosa, la convivencia en las tierras donde el islam es mayoritario es muy difícil. La violencia es intrínseca a la naturaleza misma del islam, y no es solo un síntoma del extremismo. En este sentido, la derrota de los yihadistas no parece garantizar la paz en el país. Eso afecta inexorablemente a las comunidades cristianas locales, que son las que siempre sufren los daños colaterales.

Tras la liberación de sus antiquísimas ciudades hace unos meses, lejos de mejorar, la situación de los cristianos ha empeorando. Muchos de sus vecinos musulmanes ocuparon sus casas, les robaron sus pertenencias… y ahora, se preguntan, ¿tenemos que volver a tener una relación de vecindad como si nada hubiera pasado? Este es el panorama nada fácil con el que se encuentran, por ejemplo, los fieles de Mosul. La ruptura de la confianza en estos casos resulta humanamente insalvable. La traumática herida todavía está abierta. Recuperar lo que la guerra y el extremismo ha roto es el gran desafío para los creyentes iraquíes.

Además, la ideología del Estado Islámico está en los genes de los musulmanes que todo este tiempo permanecieron en silencio complice. Personas que, si se dieran las circunstancias oportunas, irían de nuevo a por los cristianos, a por sus mujeres, a por sus casas, propiedades, negocios…

Ante este sombrío panorama, muchos fieles sienten miedo, tristeza, dolor… Un gran número decide marcharse. Elige un triste exilio en tierra extranjera.

Ciertamente, las familias cristianas tienen dudas sobre qué futuro les espera. Miran con recelo a los próximos años, porque saben que se han convertido en diana de los fundamentalistas. Sin embargo, su fe no se tambalea.

En el diálogo con la monja queda claro que los ataques contra los cristianos se producen exclusivamente porque son cristianos. Reconoce que hay un plan para vaciar de fieles Oriente Medio. Pero obviar la persecución desde el islam durante más de 1.400 años también resulta poco riguroso, apunta tímidamente. Eso sí, asevera, el Estado Islámico ha provocado un sufrimiento y una destrucción sin precedentes.

En el Kurdistán, único lugar seguro para los fieles de la Llanura de Nínive, influyentes líderes cristianos no se han arredrado a la hora de denunciar las presiones de las autoridades regionales para que estos secunden su proyecto independentista. Asimismo, ha trascendido la división existente en la comunidad cristiana ante la convocatoria secesionista. El pasado 25 de septiembre, algunos miembros apoyaron el referéndum. Muchos otros se mostraron en contra de la consulta.

En una entrevista, el patriarca caldeo mar Louis Raphael I Sako afirmaba hace un año que “la prioridad es apoyar el retorno de los refugiados, la reconstrucción de las ciudades y pueblos devastados por la guerra”. “No creo que sea el momento de perderse detrás de grandes proyectos, los cuales también se caracterizan por la falta de realismo en una fase de incertidumbre”, añadía.

Hoy, los fieles iraquíes reclaman ser ciudadanos de pleno derecho y no ser simplemente tolerados en su propia tierra.

La pregunta espontánea es: ¿Cómo pueden los cristianos de Irak mantener viva la esperanza? “Jesús permanece con nosotros, y quedarse es un poderoso signo de esperanza”, explica la religiosa.

Al despedirse, asegura que la oración es su única fuerza y agradece que se cuente a la gente la verdad de lo que está ocurriendo en su país.

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