Boko Haram mantiene cautiva a una niña cristiana de Dapchi que se negó a convertirse al islam

(ADI).- A finales del mes de febrero, Boko Haram secuestraba a más de un centenar de niñas en una aldea del estado de Yobe, en el noreste de Nigeria. El secuestro de las niñas de Dapchi fue similar al de Chibok, aunque en tiempo duró mucho menos. En torno a un mes después de conocer la desaparición de 110 niñas, el Gobierno nigeriano confirmaba la liberación de 101 de ellas. Horas después, Bashir Ahmad, el asistente personal del presidente de Nigeria —Muhammadu Buhari— anunciaba que un total de 106 personas secuestradas, de las cuales 104 eran alumnas de Dapchi, además de otra niña y otro niño, eran liberadas de manos de los terroristas.

Otras cinco de las niñas de Dapchi no sobrevivieron al secuestro. “Cinco de nosotras han muerto”, señalaba Jadiya Grema, una de las menores liberadas. “Una sigue con ellos, porque es cristiana”, añadía. Se trata de Leah Sheribu, la única que ha quedado en manos del grupo yihadista. Su padre, Sheribu Nata, explicaba en la emisora de radio nigeriana RayPower que la razón por la que su hija no se encuentra en el grupo liberado es que la niña se negó a abandonar su fe cristiana. “Es la única que no ha sido liberada, porque es cristiana. Sigue retenida”, explicó su compañera Grema.

Pero el padre de Leah no está triste por ello. Después de hablar con los padres de otras niñas que sí fueron liberadas, dejó claro que está orgulloso al saber que su hija no ha renunciado a su propia fe, tal y como recoge el diario nigeriano Daily Post. Sin embargo, desde el diario Sahara Reporters, el primero en informar de la liberación de las menores, han indicado que el motivo por el que la niña ha quedado en manos de Boko Haram es que el grupo ha decidido convertirla en su esclava.

“Le dijeron que era cristiana, y que por eso no podían liberarla”, explicaba su padre. “Le dijeron que no podían soltarla hasta que se convirtiera a la religión musulmana. Y mi hija les dijo que nunca será musulmana. Estoy contento, porque mi hija no ha abandonado su fe. Se negaron a liberarla por no convertirse al islam”, repetía una y otra vez.

En la frontera entre Nigeria y Camerún a los miembros de Boko Haram los llaman “buscadores de esclavos”. Se trata de una técnica militar que se utilizaba hace más de un siglo, cuando se salía “a la caza” de personas que luego convertían en esclavos. Ahora son los integrantes del grupo yihadista los que vuelven a utilizar este método, en busca de sus “esposas” forzadas. Scott MacEachern, autor del libro Buscando a Boko Haram: una historia de violencia en África Central, sugiere que este matiz es el que hay que tener en cuenta para abordar la cuestión del terrorismo en el centro de África.

“Pensar en Boko Haram como ‘ladrones de esclavos’, con historia en las fronteras, en las que casi no existe la ley, podría cambiar la perspectiva política hacia este grupo y otras insurgencias similares en África occidental”, señala MacEachern en un artículo publicado en The Washington Post. A pesar de haber nacido en la principal ciudad del noreste de Nigeria, Maiduguri, Boko Haram siempre ha actuado en zonas fronterizas, lejos de las ciudades, y la mayor parte de sus ataques han tenido lugar en estas áreas. De hecho el secuestro de las niñas de Dapchi tuvo lugar a menos de 100 kilómetros de la frontera con Níger.

El problema, según MacEachern, es que dentro del sistema social actual de la región del Lago Chad los hombres jóvenes, sin dinero ni contactos, tienen pocas posibilidades de escalar socialmente, de encontrar un buen trabajo y con un buen sueldo y quedan atrapados en los márgenes de la sociedad. En condiciones normales, estos nunca podrán permitirse la dote de una esposa, señala, lo que les impide convertirse en hombres adultos y quedan atrapados socialmente en una adolescencia perpetua. “Las fronteras y las posibilidades de conseguir riqueza de forma violenta ofrecen una solución a este problema”, apunta. Así, las zonas fronterizas entre Camerún y Nigeria se han convertido en áreas donde enriquecerse: “no es de extrañar que los reclutas de Boko Haram pasen tanto tiempo hablando de niñas y de matrimonio: es una forma muy efectiva de reclutar jóvenes”, sostiene.

Las secuestradas por el grupo acaban siendo víctimas de este sistema, por lo que acaban siendo esposas, o esclavas de muchos, o incluso sus propias armas. Rebeca Bitrus, nigeriana de 29 años, fue secuestrada en agosto de 2014. En declaraciones a la prensa, Bitrus explicó cómo además de utilizarla como esclava sexual, la amenazaron con colocarle un cinturón de explosivos para ser utilizada en un atentado suicida. “Antes de mi secuestro, cuando me hablaban de Boko Haram no me lo creía. Hasta que me cogieron y tiraron a mi hijo al río. Quiero que el mundo sepa que es verdad”, dijo.

En un informe publicado el pasado mes de agosto, UNICEF ya alertó del número de niños y niñas que la organización extremista nigeriana estaba utilizando como armas. “UNICEF está extremadamente preocupada por el aterrador incremento en el cruel y calculado uso de niños, especialmente de niñas, como ‘bombas humanas’ en el noreste de Nigeria”, señaló la agencia humanitaria, acto que definió como una “atrocidad”. “Sentimos que es el modo en el que los terroristas de Boko Haram aterran a niñas y mujeres de la comunidad”.

(Fuente: EC)

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