La traición a los cristianos de Mosul

(ADI).- Así sucedió la traición a los cristianos de Mosul. “No va a haber problema, podemos vivir juntos como hasta ahora, cuidaremos de vosotros”. Estas fueron las palabras de los vecinos musulmanes de Zinia, una madre de familia cristiana que vivía en la ciudad.

El 10 de Junio de 2014, la segunda urbe más importante de Irak comenzó a llenarse de hombres de negro y banderas del Estado Islámico. A diferencia del resto de ocupaciones, hubo un período de relativa convivencia entre cristianos, musulmanes y terroristas.

Sin embargo, la tensión era cada vez más evidente en Mosul. Aunque los milicianos de la organización radical intentaron dar tranquilidad a los cristianos: “No os va a pasar nada, no os preocupéis”.

Poco a poco, estos mismos extremistas fueron tomando el control de toda la ciudad. Un mes más tarde, el 18 de julio, un grupo de yihadistas se encargó de distribuir una circular informativa de instauración del Califato. Era un viernes de oración para los musulmanes. En dicho comunicado apareció el ultimátum: una semana para abrazar el islam o abandonar la ciudad. Una vez cumplido el plazo, “la única opción será la espada”.

Aún contemplando la posibilidad de quedarse, el grupo exigía el pago de la “Jizya”, un impuesto destinado a los no musulmanes que ascendía a los 450 dólares mensuales. Una cantidad desorbitada para los cristianos del norte de Irak.

Había llegado el momento de abandonar sus hogares. Fue entonces cuando “mi casa fue marcada”, comenta Zinia. En los días posteriores, los militantes del Estado Islámico se dedicaron a marcar las casas de familias cristianas con la “n” de “Nasrani”, una denominación árabe que utilizan como insulto a los seguidores de Jesús.

Tras el ultimátum, llegó la ruptura de la confianza. Otro cristiano de Mosul recibió amenazas de su vecino musulmán con el que había convivido durante 30 años: “Tienes 24 horas para marcharte, si te vuelvo a ver te mato porque tengo derecho a quedarme con tu casa, con tu propiedad”.

A pesar de la traición, el cristiano no se marchó sin despedirse de él. “¿Qué haces todavía aquí? Te dije que si te veía te mataría”, afirmó sorprendido el vecino musulmán. “Sí, lo sé bien, pero somos vecinos desde hace 30 años. ¿Cómo podía marcharme sin despedirme?”, le contestó su amigo cristiano. El musulmán arrepentido le suplicó que le perdonara, sin embargo, ya no había alternativa: “No hay sitio para los cristianos en Mosul. Nos vamos”.

Zinia también experimentó la traición de sus conciudadanos musulmanes: “Todos nuestros vecinos de Mosul se unieron a ellos. No todos son del Daesh, pero no dudaron en colaborar con ellos”.

Dos días antes de que se cumpliera el plazo, la familia de Zinia decidió abandonar la ciudad. Esta madre de familia pudo mirar cara a cara a los milicianos vestidos de negro, quienes no dejaron de proferirle amenazas para que abandonara su hogar, o bien se decidiera a cooperar.

Algunos cristianos cogieron su coche y huyeron. La familia de Zinia no tuvo tanta suerte, por lo que se vieron obligados a abandonar Mosul a pie. Desde las 12 de la noche hasta las 5 de la madrugada. “Fui todo el camino rezando”, recuerda Zinia al borde del llanto. Salieron con lo puesto y unas pocas pertenencias. Desgraciadamente, el Estado Islámico les interceptó en su huida y les quitaron todo lo que llevaban.

En 2003, la comunidad cristiana de Mosul contaba con 35.000 fieles. Once años más tarde, el número de cristianos se redujo a 3.000. Hoy no queda un solo cristiano. Conocida como “la perla del norte” esta ciudad fue cuna de la presencia cristiana en el siglo III, una presencia ininterrumpida hasta la llegada de los extremistas en 2014.

A día de hoy, tras el derrocamiento de la organización radical en las ciudades cristianas del norte de Irak, no hay un solo cristiano registrado que quiera volver a Mosul.

(Fuente: ACN)

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