Arabia Saudita se prepara: ¿guerra a la vista contra Irán?

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(ADI).- Es difícil seguir las noticias que llegan desde Arabia Saudita en estos días. Entre avances (al menos sobre el papel) y príncipes arrestados (y asesinados), parece que quien gobierna el país no es la casa de los Saud, sino el caos. Repasemos algunos hechos recientes.

El 4 de noviembre, mientras se encontraba en Riad, el primer ministro del Líbano, Saad Hariri, anuncia su renuncia en el canal de televisión al Jadeed y el Líbano se queda profundamente conmocionado por esta decisión. Hariri apunta con el dedo a Irán, acusando al régimen de los ayatolás de tener “un fuerte deseo de destruir el mundo árabe”. “Irán controla la región y las decisiones adoptadas tanto en Siria como en Irak. Siembra la discordia entre los hijos de una misma nación y crea un Estado dentro del Estado, hasta el punto de tener la última palabra sobre cómo se manejan los asuntos libaneses”, dice. “Dondequiera que esté involucrado –añade Hariri– no hay nada más que devastación y caos. Se cortará el control [de Irán, ndr] sobre la región y el Líbano resurgirá como lo hizo en el pasado”. Y es obvio que el político también acusa al Partido de Dios de dividir al país: “En las últimas décadas, Hezbolá ha podido crear una situación de facto gracias al poder de su arsenal, que ellos sostienen que es para la resistencia, pero que se ha utilizado contra nuestros hermanos sirios y yemeníes y también contra el pueblo libanés”. Dura réplica de Hasan Nasralá: “Su renuncia [de Saad Hariri, ndr] ha sido decidida y dictada por los sauditas, que han forzado la voluntad del primer ministro”. Pero llegado a este punto, Nasralá no cae en la posible trampa de Riad. No carga las tintas y, al contrario, pide a los libaneses calma y paciencia.

El día después de la renuncia de Hariri, 11 príncipes sauditas y decenas de ex ministros son arrestados. Comienza la “noche de los cuchillos largos” en Arabia Saudita. El príncipe heredero, Mohamed bin Salman, no puede permitirse tener una oposición interna capaz de detener la “Visión 2030”, es decir, su proyecto para el Reino del mañana. Acaban esposados el jefe de la Guardia Nacional, Muteb bin Abdulá, y el multimillonario príncipe Alwaleed bin Talal. En unas horas, son detenidos y/o cesados en sus puestos 11 príncipes, 4 ministros en activo, numerosos altos funcionarios, mandos militares y destacados hombres de negocios. Como explica Alberto Negri en Il Sole 24 ore, “el objetivo es concentrar el poder en manos del príncipe heredero, Mohamed bin Salman, quien también es vicepremier y ministro de Defensa. El mensaje del joven hijo del rey Salman, envejecido y con problemas de salud, es claro: o sigues la línea del príncipe o pagas un precio salado”.

Pero estas purgas deben leerse a la luz de la renuncia de Hariri, como señala Negri: “El frente sunita debe aceptar la permanencia de Assad en el poder, apoyado por Rusia e Irán. Empujando a Hariri para que renuncie, los sauditas reiteran que pueden desestabilizar el Líbano donde los miembros de Hezbolá, aliados de hierro de Teherán, han llegado a acuerdos con los cristianos del presidente-general Michel Aoun. Y todo esto en un momento en el que se intensifica la hipótesis de un nuevo conflicto entre Israel y las milicias chiíes libanesas. Se acerca el momento de decidir el destino de Siria, donde los estadounidenses tienen diferentes bases militares, y el frente sunita está debilitado. Abrir la crisis con Beirut tiene como objetivo ganar algo de espacio de negociación y hacer saltar si se puede, después de la derrota de ISIS, el eje chiita Teherán-Bagdad-Damasco-Hezbolá, objetivo común para los sauditas, americanos e israelíes”.

Y la pista siria también se confirma con el arresto de dos opositores de Damasco hospedados por Riad: Ahmed al Jarba y Riad Hijab.

“Arabia Saudita afirma que el Líbano le ha declarado la guerra”. Este es el título de una información de Reuters del 6 de noviembre. En el punto de mira de Riad están, como de costumbre, los hombres de Hezbolá, calificados, acertada o equivocadamente, como la larga mano de Teherán. El ministro de Asuntos Exteriores de Arabia Saudita, Thamer al Sabhan, amenaza a los milicianos del Partido de Dios: “Los devolveremos a las cuevas del sur del Líbano”.

Sin embargo, el diario israelí Haaretz publica un interesante análisis titulado “¿Está empujando Arabia Saudita a Israel a una guerra contra Hezbolá e Irán?”. De hecho, la renuncia de Hariri serviría para que Hasan Nasralá fuerce la mano y ataque a Israel (y sus aliados). En este sentido debe leerse un editorial publicado en el Jerusalem Post el pasado 5 de septiembre: “Por qué Israel debe preparar a EE.UU. para la próxima guerra en Siria”. Pero no solo. Como escribe Foreign Affairs, desde hace meses, los estrategas israelíes se preguntan cuál será la reacción de Vladimir Putin ante una posible guerra en el Líbano.

El movimiento de Riad parece ir en esta dirección. Es difícil saber qué sucederá en los próximos meses. Las noticias corren deprisa. Y basta un solo paso en falso, para hacer estallar un nuevo conflicto. Este no afectará solo al Líbano, sino a todo Medio Oriente.

(Fuente: Gli Occhi Della Guerra)

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