Los retos de Irak no terminan con la liberación de la ciudad de Mosul

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(ADI).- La recuperación de la ciudad de Mosul de manos del Estado Islámico marca un punto de inflexión en un país que aún deberá hacer frente durante años a persistentes desafíos en materia social y de seguridad responsables, en parte, de que 11 millones de personas sigan necesitando asistencia humanitaria a día de hoy.

El Gobierno iraquí proclamó en julio la liberación de Mosul tras lograr una simbólica victoria frente a un grupo yihadista que, durante los tres últimos años, ha copado la atención en detrimento de otros retos subyacentes. Uno de ellos lleva el rostro de los 3,3 millones de desplazados internos, 2,5 millones de los cuales viven fuera de los campos oficiales.

El retorno de muchos de ellos se complica, entre otras razones, por la elevada contaminación por explosivos que existe en Irak, lastrado por décadas de guerra casi ininterrumpida. En ciudades como Mosul, apenas han comenzado a salir a la luz bombas trampa y explosivos ocultos y los expertos calculan que la limpieza no estará concluida hasta pasada más de una década.

Detener los actos de represalia adoptados en zonas liberadas contra familias supuestamente afiliadas a uno u otro bando (chiita o sunita) es otro de los enormes desafíos a los que se enfrenta el país. La fractura étnica y sectaria que explotaron los milicianos vestidos de negro cuando se adueñaron de casi un tercio de Irak en 2014 se ha agravado desde entonces.

El ensañamiento de los extremistas con las minorías religiosas ha tenido una especial intencionalidad: borrar la diversidad histórica del país.

La percepción de las zonas de origen como inseguras también hace que muchos desplazados, entre ellos los miembros de las diferentes comunidades cristianas, no quieran volver a sus hogares. Cientos de familias de las regiones de Saladino, Anbar y Nínive incluso han recibido cartas amenazantes en las que se les insta a irse por las buenas o por las malas.

Muchos de los desplazados ni siquiera tienen dónde volver, al haber perdido no sólo sus casas sino también su forma de vida, un sustento difícil de recuperar cuando se trata de comunidades que han quedado completamente rotas por la guerra.

De los 54 barrios que componen la zona oeste de Mosul, 15 están completamente destruidos y la mitad de los edificios de otros 23 distritos han quedado reducidos a escombros. Unas 200 mil personas se han quedado sin hogar y los expertos calculan que serán necesarios 1.000 millones de dólares sólo para financiar las tareas de reconstrucción en el que fue el principal bastión del Estado Islámico en Irak.

La organización radical sunita destruyó intencionadamente iglesias cristianas, templos de otras minorías religiosas, bibliotecas, museos e incluso centros médicos.

Sin esa inversión y una convincente ayuda, no sólo económica sino también sanitaria y psico-social, el proyecto de normalización de Mosul y el resto de las regiones liberadas no tendrá ninguna posibilidad de avanzar.

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