Nuncio Apostólico: el sufrimiento de los cristianos en Irak es un don para nosotros

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(ADI).- Durante el rezo del Santo Rosario por los Cristianos Perseguidos en un templo de Roma, el Nuncio Apostólico en Irak, Monseñor Alberto Ortega realizó hace unos días un llamamiento al pronto retorno de los creyentes refugiados que huyeron de la persecución religiosa en el país.

Desde que comenzó el nuevo milenio, la cantidad de cristianos presentes en Irak se ha reducido de manera drástica, pasando de ser más de un millón y medio a unos 300 mil. La ausencia de cristianos constituye una “grave pérdida, no solamente para la Iglesia, sino para la sociedad, porque los cristianos pueden desarrollar, y de hecho desarrollan, un rol fundamental en la vida del país”, indicó el Nuncio.

Asimismo, Monseñor Ortega destacó el testimonio de los creyentes perseguidos ante la inminente amenaza de muerte. “Han dejado todo para no renegar de la fe. No sé de nadie que haya renunciado a la fe, ni siquiera fingiendo hacerlo”, relató. Los creyentes expulsados de Mosul huyeron principalmente hacia la región de Kurdistán, en el norte del país, donde padecen limitaciones como el hecho de compartir una vivienda entre dos o tres familias. “Viven en una habitación pequeña, con los colchones dispuestos a un lado, que por la noche se colocan sobre el suelo para dormir, un armario de plástico con tres cosas, una pequeña televisión, y siempre tienen  la imagen de Jesús, de la Virgen, o un altar”. También están acogidos en un campo de refugiados “digno”, que hospeda a unas 4.000 personas. A pesar de las dificultades, no se quejan. “Han perdido todo, menos la fe”, apuntó.

En su intervención, el Nuncio explicó que los cristianos ya están regresando a sus hogares tras las victorias militares contra el llamado Estado Islámico, pero que su retorno depende también de las labores de reconstrucción. “En algunas provincias, por ejemplo en Teleskuf, donde el ISIS estuvo por poco tiempo, las casas no fueron dañadas y ya hay 500 familias que han regresado”, expuso. “Se debe reconstruir, por ende, necesitamos la ayuda de toda la Iglesia, de las Naciones Unidas, de la comunidad internacional”, recordó.

Monseñor Ortega aseguró que “no basta con la victoria militar, es necesario actuar desde el punto de vista político, económico, y, sobre todo, desde el punto de vista de la educación. Es necesario introducir una nueva mentalidad de diálogo, de colaboración”. En esta línea, dijo que “es conmovedor el hecho de que estas personas no tengan rencor en el corazón”. “Son capaces de perdonar a aquellos que los expulsaron, que les hicieron mal. Incluso hasta rezan por aquellos que los persiguieron, para que se conviertan, para que el Señor reine en sus corazones”, añadió. Algunos de los creyentes no eran practicantes y la persecución animó su fe. “Ha sido una ocasión para redescubrir aquellos que es más importante”, aseveró. “El Señor permite estas cosas para un bien más grande. Su testimonio de fe, para nosotros, en Occidente, ha sido un regalo”.

Por último, el Nuncio Apostólico en Irak insistió en la necesidad de que los fieles regresen, porque están llamados a ser “la presencia de Cristo, un bien para todos”.

(Fuente: AsiaNews)

 

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