Cien años de Revolución Rusa: los cristianos piden recordar a las víctimas, las cifras estremecen

solovki

(ADI).- El historiador Jonathan Luxmoore, autor de un voluminoso estudio en dos tomos sobre la persecución a los cristianos en Rusia (The God of the Gulag, más de mil páginas), ha resumido en un reciente artículo en el National Catholic Reporter algunas cifras sobre los efectos de la Revolución Rusa y sus 70 años de dictadura comunista.

Católicos: de 1.200 iglesias a sólo 2

En el Imperio Ruso zarista en 1917 había 1.240 capillas, parroquias y lugares de culto católicos, sobre todo en las regiones cercanas a Polonia, pero también en zonas de población armenia, alemanes del Volga, lituanos… En apenas veinte años los bolcheviques dejaron solo 2 templos católicos: uno ligado a la embajada francesa en Moscú, y otro, vigiladísimo y espiadísimo, en San Petersburgo. El resto fueron demolidos o reconvertidos en almacenes, locales e incluso lavabos públicos.

La Iglesia Católica está estudiando el martirio de 422 sacerdotes (asesinados o torturados hasta la muerte) y de otros 962 monjes, religiosas y laicos durante la persecución comunista. Parece que será un proceso larguísimo porque no hay fondos para la investigación.

Ensañamiento con los católicos orientales

Entre los mártires está el beato exarca Leonid Feodorov, líder de la recién creada, y entonces muy dinámica, Iglesia Católica Rusa, de rito oriental, fiel a Roma.Detenido en 1923, estuvo en el gulag de las Islas Solovki hasta 1932, y murió tres años después. La comunidad católica rusa de rito oriental quedó arrasada, aunque hoy empieza a reconstruirse y cuenta con algo más de una docena de parroquias.

La persecución contra otros católicos orientales (los rutenos o rusinos en Ucrania y los católicos bizantinos ucranianos) fue especialmente dura: además del exterminio de buena parte de su clero, se les exigió a los fieles unirse a la Iglesia Ortodoxa, para entonces ya muy supervisada por agentes soviéticos.

El Annuario Pontificio de 2017 calcula que hay hoy unos 770.000 católicos en Rusia,aunque la mayoría de ellos son, simplemente, personas de ascendencia polaca, lituana o alemana que fueron bautizados, quizá a escondidas, en algún momento de su vida, con poca o ninguna catequesis.

El año más sangriento: 1936-1937

Las cifras de la persecución contra los cristianos ortodoxos son apocalípticas: sólo en la Gran Purga de 1937-1938, antes de anexionarse los países bálticos y Polonia oriental, las autoridades comunistas hicieron matar a 106.000 clérigos ortodoxos. Otros 200.000 líderes ortodoxos fueron deportados o apresados en estos dos años. En la época zarista había habido 60.000 iglesias ortodoxas (casi siempre templos pequeños, de cruz griega). En 1939 apenas quedaban cien templos, siempre bajo vigilancia. Para entonces solo quedaban 4 obispos ortodoxos vivos.

Puede que un detonante de la persecución de 1937 y 1938 fuera el censo ruso de 1937: después de 20 años de comunismo, blasfemias y represión, según el historiador Sergey Firsov, de 30 millones de ciudadanos de la URSS analfabetos mayores de 16 años, el 84 % (más de 25 millones) aún se declararaban creyentes; y de los 68,5 millones de alfabetizados, el 45 % (más de 30 millones) aún creían en Dios. Se imponía más mano dura.

La URSS comunista, por supuesto, no sólo masacró a los cristianos y a otros religiosos, sino a masas enteras de población. Entre 1917 y 1939, sus masacres, deportaciones y, sobre todo, hambrunas, causaron 21 millones de muertos, según recoge Luxmoore.

En 1940 Hitler invade la URSS y Stalin detiene la persecución religiosa. Más aún, invoca la defensa de la Madre Patria y pide que el clero que queda colabore en la lucha contra el nazismo (que, a su vez, a veces permitía cierta libertad religiosa en las zonas de Ucrania donde los soviéticos habían masacrado al clero). En los años 50, bajo el gobierno de Nikita Jruchev, volverían las persecuciones, arrestos y deportaciones de cristianos.

Centenario de la Revolución: perfil bajo en Rusia

¿Cómo afronta Rusia hoy el centenario de la Revolución? El Día de la Revolución, festivo durante 7 décadas, no lo es en la actualidad. Se celebra el 7 de noviembre con perfil bajo, incluso en este año de centenario, para interesados en la historia. Nada que ver con los grandes desfiles y festejos cada año que celebran la victoria sobre el nazismo.

Por supuesto, los comunistas -y otros rusos que no son comunistas pero se niegan a admitir los horrores del pasado- insisten, una y otra vez, en que la URSS fue heroica en su victoria contra el fascismo, como si eso justificara sus crueldades domésticas. Una estadística publicada en abril de 2017 del Centro Levada, de Moscú, señalaba que un 56% de los rusos admitían la “contribución positiva de Lenin a la historia”. En 2007 sólo un 40% admitían una “contribución positiva” de Lenin.

Hay que recordar que Lenin escribió en una carta a Maxim Gorki, el literato de la nueva Rusia sin Dios, declarando: “Toda idea religiosa, toda idea de Dios, es una abyección indescriptible de la especie más peligrosa, una epidemia de la especie más abominable. Hay millones de pecados, hechos asquerosos, actos de violencia y contagios físicos que son menos peligrosos que la sutil y espiritual idea de Dios”.

Durante el gobierno de Lenin, de 1917 a 1924, unos 16.000 clérigos y líderes ortodoxos fueron ejecutados y otros 25.000 encarcelados y deportados, según un estudio de 2004 del doctor en Ciencias Matemáticas Nikolay Yemelianov, de la Universidad Humanista San Tijon.

Fecha para reflexionar, no para festejar

El Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, Kiril, pide que la fecha sea, sobre todo, de “reflexión profunda y oración sincera” y no de “inapropiadas celebraciones”. Los ortodoxos ya canonizaron a 1.765 mártires de esa época, cada uno con su nombre, en un concilio en agosto del año 2000.

Los católicos tienen su propia comisión para los mártires de Rusia, creada en 2002, que se está centrando en 16 mártires, incluyendo al obispo Malecki, de Leningrado (de origen polaco, muerto en 1934), y el obispo jesuita Profittlich (de origen alemán), muerto en 1941 en la prisión de Kirov.  Otros candidatos a los altares católicos son Anna Abrikosova (de rito oriental, murió en una prisión moscovita en 1936), el vicario general Budkievicz (ejecutado en Lubianka, sede de lo que luego sería la KGB, en 1923) y la conversa Kamila Krushelnítskaya (detenida en 1933, fusilada en 1937; en el campo de concentración se casó con un hombre al que esperaba convertir… pero era un informante del régimen).

La comisión va lenta, no solo por falta de fondos, sino porque los archivos de la KGB y su predecesora la NKVD sólo se abrieron durante un tiempo muy breve, tras la caída de la URSS.

Los asesinos siguen homenajeados

Mientras tanto, aunque el zar Nicolás II y su familia han sido declarados mártires ortodoxos por el Patriarcado de Moscú, el hombre que organizó su ejecución en 1918, Piotr Voykov, sigue teniendo una estación del metro de Moscú con su nombre. Hay quien pide enterrar a Lenin (su momia sigue en el mausoleo de la Plaza Roja) ya que, recuerdan, había sido bautizado y nunca fue formalmente excomulgado.

“Nadie quiere abrir viejas heridas”, declaraba en Rossiya-24 TV el portavoz de la Iglesia Ortodoxa, el metropolita Hilarión. La Iglesia considera que la retirada de símbolos comunistas y de homenajes a asesinos del régimen debía haberse hecho “hace 25 años”, no ahora, cuando sería incluso contraproducente. Las autoridades ortodoxas piden, más bien, que ahora se dé visibilidad a las víctimas y a los mártires.

Treinta mil iglesias más

Los ortodoxos han multiplicado las iglesitas en el país: había 6.000 en 1991, cuando cayó la URSS. Ahora son 36.000, según recoge Luxmoore. Muchas son pequeñas iglesias de pueblo, con capacidad para algunas docenas de celebrante, pero la verdad es que los rusos casi no acuden a los templos a la liturgia del domingo, aunque sí pasan en cualquier otro momento a poner velas ante los iconos.

A un siglo de la Revolución, sólo un 14% de ateos

Según las últimas estadísticas, de mayo de 2016, al cumplirse 25 años de la caída de la URSS, y un siglo tras la Revolución, hoy sólo un 14% de la población de la Federación Rusa declara no creer en Dios. Más aún, las personas que especifican que viven una relación cercana con Dios (más en concreto, los que dicen que “esperan en Dios cada día”), son un 30% de los habitantes de la Federación Rusa. En 1991 eran sólo un 9%.

(Fuente: ReL)

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