Los chiíes iraquíes liberan Kocho, lugar simbólico del genocidio yazidí

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(ADI).- Cuando se aborda la guerra contra el Estado Islámico (Daesh, por su acrónimo en árabe), el imaginario colectivo identifica inmediatamente este conflicto con la tragedia humanitaria que sacude desde hace años a la tierra siria. Irak siempre es considerado un poco secundario, casi como si la guerra en este país fuera menos aterradora, menos importante, o como si fuera sólo un paréntesis en el conflicto más grave contra el Gobierno de Bashar al-Assad. Sin embargo, para entender la guerra contra el Califato, Siria e Irak no pueden ser tratados como dos frentes diferentes de esta guerra. Deben ser considerados conjuntamente, porque el enemigo es común y comunes son los elementos que lo caracterizan.

Uno de estos elementos, fundamental para comprender la evolución de las múltiples guerras que devastan a los países de Oriente Medio, es el de la confesión religiosa o el de la gran división entre chiísmo y sunnismo. Porque si hoy en Irak se puede decir que el Califato ha perdido muchas ciudades y se está retirando hacia unas pocas porciones de territorio iraquí, esto se debe a que en su momento de mayor expansión, las fuerzas chiíes del país se levantaron para detenerlo. Después de la caída de Mosul, el ayatolá Ali al-Sistani, guía de los chiíes iraquíes emitió una fatua contra el Estado Islámico. A partir de ese momento, cientos de miles de chiíes iraquíes tomaron las armas y el Gobierno dio su apoyo a la creación de las Unidades de Movilización Popular (UMP), las Al-Hashd Al-Sha’abi. Tropas de infantería, en gran parte, que han defendido las ciudades y los lugares sagrados de Irak de la furia bárbara de Daesh y que, en estos días, han ganado un símbolo de esta reconquista iraquí contra el Estado Islámico: la aldea de Kocho.

Kocho, en el norte de Irak, fue el escenario de uno de los acontecimientos más brutales que protagonizaron los milicianos de Daesh. Aquí, donde la mayoría de los ciudadanos eran yazidíes, fueron masacrados cientos de hombres y secuestraron a más de doscientas mujeres y niños. Un crimen horrible, cometido por Daesh como venganza por el hecho de que los yazidíes de la ciudad se habían opuesto a convertirse al Islam, su Islam. Con esta victoria, las Unidades de Movilización Popular de mayoría chií han dado un paso adelante en la liberación del territorio al oeste de Mosul. En las últimas horas, el control de las fuerzas chiíes se ha extendido a las aldeas de Al Hatymia, Al Qabusiya, Kubat al-Wahb, Rafiq, infligiendo pérdidas de territorio, de hombres y de fuerzas al Califato.

El avance de las fuerzas chiíes en el territorio al oeste de Mosul forma parte de la gran operación que comenzó el pasado 24 de mayo, denominada “Mártires de Sinjar”. El objetivo de las UMP es doble: liberar toda la zona oeste de Mosul y poder abrir un corredor de gran importancia estratégica que una Irak a Siria. En concreto, la conquista de Quarouan desempeña un papel fundamental en esta nueva ofensiva de las fuerzas chiíes, una victoria que para los milicianos chiíes supondría una de las últimas piezas antes de emprender la liberación de la ciudad de Tal Afar. De hecho, en Tal Afar, es donde ahora se podrán concentrar las fuerzas paramilitares chiíes de Irak para destruir uno de los últimos reductos del Estado Islámico en el oeste del país. Una empresa que no es nada fácil, porque allí el Daesh está profundamente arraigado y sus habitantes, turcomanos sunníes, no nutren altas expectativas de la llegada de un ejército que consideran enemigo por cuestiones principalmente religiosas.

En Tal Afar, por tanto, se podría recrear esa gran lucha sectaria que impregna toda la región de Oriente Medio. Por un lado los chiíes iraquíes, por el otro los turcomanos sunníes. La población está dividida, el Califato no es ciertamente un régimen idílico, pero muchos temen que la liberación podría suponer abrir las puertas a un ejército paramilitar enemigo que querrá vengarse de la ciudad. Para las instituciones iraquíes, también supone una preocupación la presencia de miles de turcomanos yazidíes en las filas de las Unidades de Movilización Popular, que entrarían en la ciudad después de años de persecución y exilio. Por esta razón, desde el Gobierno de Bagdad han dejado claro que las UMP no entrará en la ciudad y que tendrán que esperar a la llegada del Ejército regular sirio y de las milicias sunníes leales a la Administración iraquí.

Con la toma de Tal Afar todavía pendiente, las fuerzas chiíes pueden estar satisfechas con una avanzada sin precedentes que ha permitido no sólo numerosas victorias contra el Estado Islámico, sino que también ha facilitado el reencuentro de Siria e Irak. El problema estratégico de la última fase de esta guerra es, de hecho, poder crear pasillos de seguridad que unan Bagdad con Damasco. Las fuerzas chiíes tienen este objetivo principal, porque con este resultado sería posible no sólo romper el frente del Califato, sino que también sería posible el reagrupamiento de las fuerzas chiíes en Siria con las de Irak, y luego, como consecuencia, se volvería a conectar Irán con su aliado en Damasco.

(Fuente: Gli Occhi Della Guerra)

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