Refugiados cristianos esperan poder regresar a sus casas e instan al Papa a visitar Irak

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(ADI).- Nuestra identidad pertenece a “nuestra tierra” y sólo cuando “volvamos a nuestras casas, podremos decir que de nuevo estamos felices y en paz”. Mientras tanto, “nuestros niños participan en las actividades del campamento”, que sirven para mantener vivo el deseo de volver a Karamlesh, afirma Naseem Kuder Sulaiman, un ingeniero de 47 años de edad. Su pueblo en la Llanura de Nínive fue tomado por el Estado Islámico en el verano de 2014. Mientras espera que finalicen totalmente las obras, para regresar a “mi hogar y mi tierra”, insta al Papa Francisco a “visitar Irak” porque “fortalecería a la Iglesia local y no nos haría sentir olvidados”.

Naseem está casado con Wafaa Quruaqos Toma, de 42 años, ama de casa. La pareja tiene cuatro hijos: Sulaiman, un estudiante de Secundaria de 15 años; San, de 12 años, que también es estudiante de Secundaria; Sizan, de 7 años, que asiste a clases de Primaria, y Rahaf, de tres años, que va a la guardería. La noche del 6 de agosto de 2014, huyeron de su casa y renunciaron a sus propiedades, mientras los yihadistas se hacían con el control de gran parte de la Llanura de Nínive después de tomar la ciudad de Mosul en junio.

Después de eso, vivieron durante algún tiempo en un complejo alquilado por la Iglesia iraquí en Erbil y pudieron superar las dificultades y limitaciones gracias a la labor del Padre Paul Thabit Mekko, un sacerdote caldeo de 41 años originario de Mosul, que dirige el campo de refugiados Ojos de Erbil en el Kurdistán iraquí, donde cientos de miles de cristianos, musulmanes y yazidis encontraron refugio después del ascenso del grupo islamista. Las instalaciones acogen a 140 familias, unas 700 personas en total, divididas en 46 mini-apartamentos. Además, cuentan con una zona para la recogida y distribución de la ayuda, una guardería y una escuela para cursar estudios de Primaria y Secundaria.

La ofensiva lanzada en octubre pasado por el Ejército iraquí, apoyado por las milicias kurdas, permitió la liberación de los pueblos y ciudades de la Llanura; ahora la batalla se concentra en la parte occidental de Mosul, donde las milicias del Estado Islámico continúan resistiendo. Por el contrario, en Karamles y en muchas otras ciudades de la provincia de Nínive comenzó el lento y arduo trabajo de reconstrucción, testimoniado también por la celebración de la Misa del Domingo de Ramos en la iglesia devastada por los yihadistas.

En las últimas semanas, la Iglesia caldea ha catalogado los daños causados por la organización radical suní: 241 casas quemadas, 95 viviendas destruidas y 431 hogares saqueados. Una vez terminado el inventario, los líderes cristianos comenzaron la reconstrucción, empezando por las casas que habían sufrido menos daños. Sin embargo, los recursos son limitados, faltan fondos y el material es escaso. Es por eso que ninguna familia ha sido capaz de regresar a Karamlesh de forma permanente, aunque hay esperanza de que varias lo harán pronto.

“La espera es difícil, agotadora, estresante –dice Naseem– la huida fue pesada y el estancamiento no ayuda”. “Todos vivimos en una habitación –prosigue– y compartimos la vivienda con otra familia. Así que hay una presión sobre nosotros, grande o pequeña, como bien se puede imaginar”. Recuperar nuestra identidad pasa por “volver a nuestros hogares”, explica. Más tarde, se abordará la cuestión de la convivencia con los musulmanes, aunque el extremismo islámico ha “cambiado muchas cosas y la desconfianza hacia los musulmanes ha aumentado”. Sin embargo, añade, “esperamos encontrar buena voluntad de su parte, que exista un verdadero deseo de vivir sin discriminación, sin las actitudes agresivas” del pasado.

De cara al futuro, los refugiados sólo desean regresar a casa, tener paz y la reconstrucción de la infraestructura y servicios. Hoy en día, la gente vive y sobrevive con la ayuda de la Iglesia, “sin la cual nunca lo habríamos logrado”. “La Iglesia ha hecho mucho en este tiempo”, reconoce Naseem. “A pesar del sufrimiento, o más bien a causa de lo que hemos sufrido, nuestra fe se ha hecho más fuerte y más fuerte. Eso es lo que importa”, destaca. Los cristianos en Occidente y en el mundo deben “actuar, como en el pasado, para contribuir a esta nueva fase de reconstrucción, para que los cristianos puedan permanecer en Irak”.

Naseem desea que el Papa Francisco visite estas tierras marcadas por el terrorismo y la violencia. “Nosotros, los cristianos de Oriente, tenemos una gran estima por los líderes religiosos. Apelamos al Santo Padre, bendito el que viene en el nombre del Señor, porque su presencia aquí tendría efectos positivos”. “Estamos esperándolos, porque son nuestros hermanos. Seguiremos aquí, si están con nosotros”, concluye.

(Fuente: AsiaNews)

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