Los espeluznantes relatos de niños iraquíes cautivos del Estado Islámico

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(ADI).- Niños iraquíes de la ciudad de Sinjar que fueron secuestrados por el Estado Islámico (EI) y lograron escapar han relatado a la agencia Associated Press (AP) cómo fueron los días, meses y hasta años que vivieron subyugados por los fundamentalistas islámicos. La mayoría de ellos son yazidíes, considerados infieles por el EI por practicar una religión preislámica de Oriente Medio.

“Empezaron a disparar contra nosotros. Mi madre cayó y se golpeó. Estas son las marcas de las balas”, explica Akram Rasho Khalaf, de 10 años, mostrando sus cicatrices. “Me separaron de mi madre, mi hermana, mi hermano y mi padre”, añade. “Aquí todavía tengo mucho miedo y no puedo dormir bien porque los veo en sueños”, admite Ahmed Ameen Koro, de 17 años.

Ahmed relata que cuando vio llegar a los soldados de Estado Islámico “estaba muy asustado” porque todos ellos “eran muy grandes, con barba, parecían monstruos”. Asimismo, recuerda que toda su familia trató de huir, pero se vio obligada a dividirse porque no entraban todos en el auto. Ahmed, su hermano Amin y cuatro primos trataron de escapar a pie, mientras que su padre condujo a todos los demás a un pueblo cercano. Nunca los volvió a ver.

Entrenamiento militar

Los niños capturados (alrededor de 200) fueron llevados inicialmente a la cárcel de Badoush cerca de Mosul y, posteriormente, a un campo de entrenamiento en Tal Afar. Durante ese proceso el objetivo de los captores era convertir a los menores al Islam y hacerlos combatientes del EI.

“Ellos nos decían que estábamos luchando contra los infieles”, señala Ahmed. El mensaje principal era: “Ya no eres yazidí. Eres uno de nosotros”.

Según evocan los jóvenes, por la mañana eran obligados a orar y a estudiar el Corán. El resto del día se dedicaban al entrenamiento militar que incluía deslizarse cuerpo a tierra entre neumáticos en llamas, disparar Kaláshnikovs y pistolas, aprender a utilizar un cinturón explosivo o decapitar una persona.

Las consecuencias

Tras escapar, algunos de estos niños vagaron varios días por el desierto y estuvieron al borde de la muerte hasta que fueron rescatados por milicias kurdas. Otros, como Akram, fueron sacados de contrabando de Raqqa –capital de EI en Siria– tras el pago de un rescate por parte de uno de los tíos que sobrevivió.

Actualmente se encuentran en campos de desplazados, donde algunos han logrado reencontrarse con lo que quedó de su familia.

El tío de Akram relata que su sobrino sufre pesadillas, ansiedad e insomnio. Esta situación se da con muchos de los rescatados. “A veces se vuelven muy agresivos y golpean a otros niños o nuestros hijos”, detalla, citado por el periódico británico Daily Mail.

(Fuente: Agencias)

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