Cruz que se conserva en el Monasterio Mar Behnam, después del paso del Isis

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Dice San Ambrosio:
“Cristo, clavado en el árbol de la cruz…, fue atravesado por la lanza y salió sangre y agua, más dulce que todo ungüento.
Al hacerse hombre siendo Verbo, se impuso límites; 
a pesar de que era rico, se hizo pobre para enriquecernos con su miseria;
era poderoso y se presentó como un miserable;
era capaz de hacer temblar la tierra y sin embargo permanecía clavado a aquel árbol;
era capaz de cubrir el cielo con las tinieblas, de crucificar al mundo, y sin embargo fue crucificado;
su cabeza desfallecía y sin embargo en ese momento se manifestaba el Verbo;
había sido anulado, y lo llenaba todo;
se había convertido en una herida, y sin embargo manaba de él ungüento;
parecía innoble y sin embargo era Dios”.

Aún ahora, parece innoble a los ojos del mundo, parece pisoteado y despreciado, y sin embargo reina por los siglos. Y vendrá de nuevo a juzgar vivos y muertos. Aceptemos como Él la cruz que nos toque llevar para reinar también con Él.

P. Luis Montes, IVE

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