Misa Crismal en la Catedral Latina de Bagdad – Irak

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Por gracia de Dios y con gran alegría y solemnidad hemos podido reunirnos los sacerdotes que trabajamos en Irak para concelebrar en unión con nuestro Obispo Jean Sleimán la Misa Crismal, ayer Miércoles Santo.

Los sacerdotes que concelebramos la Eucaristía eramos los Padres del Instituto del Verbo Encarnado, el P. Jorge Cortés, IVE y el P. Enrique Montes, IVE y el P. Luis Montes, IVE que vino a Bagdad, para la celebración de esta Misa tan importante para los sacerdotes; los Padres Dominicos, el P. Rami, OP, el P. Ziad, OP y el P. Neruán, OP; y de los Padres Carmelitas, el P. Ghadir.

Al finalizar la prédica, todos los sacerdotes, renovamos las promesas sacerdotales:

Hijos amadísimos: En esta conmemoración anual del día en que Cristo confirió su sacerdocio a los apóstoles y a nosotros, ¿queréis renovar las promesas que hicisteis un día ante vuestro obispo y ante el pueblo santo de Dios?
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¿Queréis uniros más fuertemente a Cristo y configuraros con él, renunciando a vosotros mismos y reafirmando la promesa de cumplir los sagrados deberes que, por amor a Cristo, aceptasteis gozosos el día de vuestra ordenación para el servicio de la Iglesia?

¿Deseáis permanecer como fieles dispensadores de los misterios de Dios en la celebración eucarística y en las demás acciones litúrgicas, y desempeñar fielmente el ministerio de la
predicación como seguidores de Cristo, cabeza y pastor, sin pretender los bienes temporales, sino movidos únicamente por el celo de las almas?

Y al Pueblo fiel, el Obispo le dirigió estas palabras:

Y ahora vosotros, hijos muy queridos, orad por vuestros presbíteros, para que el Señor derrame abundantemente sobre ellos sus bendiciones: que sean ministros fieles de Cristo sumo sacerdote, y os conduzcan a él, única fuente de salvación.

Y rezad también por mí, para que sea fiel al ministerio apostólico confiado a mi humilde persona y sea imagen, cada vez más viva y perfecta, de Cristo sacerdote, buen pastor, maestro y siervo de todos.

El Señor nos guarde en su caridad y nos conduzca a todos, pastores y grey, a la vida eterna. Amén.

Finalizada la Eucaristía, pasamos todos al Salón Parroquial para tener un pequeños ágape.

Como decía San Juan Pablo II en la Misa Crismal del año 2002:

Si cada bautizado participa de su sacerdocio real y profético “para ofrecer sacrificios espirituales aceptos a Dios” (1 P 2, 5), los presbíteros están llamados a compartir su oblación de modo especial. Están llamados a vivirla en el servicio al sacerdocio común de los fieles. Así pues, gracias al sacramento del Orden, la misión encomendada por el Maestro a sus Apóstoles sigue siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de los tiempos…

Oremos por todos los presbíteros; de modo singular, por los que trabajan en medio de grandes dificultades o sufren persecuciones, y tengamos un recuerdo especial por los que han pagado con la sangre su fidelidad a Cristo.

Oremos por aquellos hermanos nuestros que no han cumplido los compromisos asumidos con su ordenación sacerdotal o que atraviesan un período de dificultad y de crisis. Cristo, que nos ha elegido para una misión tan sublime, no permitirá que nos falte su gracia y la alegría de seguirlo, tanto en el Tabor como en el camino de la cruz.

Nos acompañe y sostenga María, la Madre del sumo y eterno Sacerdote, que no llamó a sus Apóstoles “siervos”, sino “amigos”. A Jesús, nuestro Maestro y hermano, gloria y poder por los siglos de los siglos (cf. Ap 1, 6). Amén.

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