¡Bien podemos verter unas gotas de nuestra sangre por Él!

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En mi visita a algunos pueblos de la Llanura de Nínive, tomados por el Isis hace dos años y ahora ya libres, el punto culminante fue, evidentemente, la celebración de la Santa Misa en la iglesia de la Inmaculada en Qaraqosh.

Viendo ese lugar donde es tan patente la destrucción anti cristiana del yihadismo islámico y la resistencia heroica de los cristianos de Medio Oriente, vienen a la memoria las palabras de San Agustín al comentar el pasaje de los Proverbios: “si te sientas a comer en la mesa de un señor, mira con atención lo que te ponen delante, y pon la mano en ello pensando que luego tendrás que preparar tú algo semejante”.

Dice el santo:

“Esta mesa de tal señor no es otra que aquella de la cual tomamos el Cuerpo y la Sangre de Aquel que dio su vida por nosotros. Sentarse a ella significa acercarse a la misma con humildad. Mirar con atención lo que nos ponen delante equivale a tomar conciencia de la grandeza de este don. Y poner la mano en ello, pensando que luego tendremos que preparar algo semejante, significa lo que ya he dicho antes: que así como Cristo dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar la vida por los hermanos. Como dice el apóstol Pedro: ‘Cristo padeció por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas’. Esto significa preparar algo semejante. Esto es lo que hicieron los mártires, llevados por un amor ardiente; si no queremos celebrar en vano su recuerdo, y si nos acercamos a la mesa del Señor para participar del banquete en que ellos se saciaron, es necesario que, tal como ellos hicieron, preparemos luego nosotros algo semejante. Los mártires, al derramar su sangre por sus hermanos, no hicieron sino mostrar lo que habían tomado de la mesa del Señor”.

Es una excelente manera de hacer un examen de conciencia sobre nuestra participación en la Santa Misa.

¿Nos acercamos con humildad a la Mesa del Señor? ¿Tomamos conciencia de la grandeza de ese don, que no es otro que el Cuerpo y la Sangre del Dios hecho hombre, y su mismo Sacrificio? ¿Estamos dispuestos a preparar “algo semejante” también nosotros, dando nuestra vida por los hermanos así como Cristo la dio por nosotros?

Miles de mártires de este tiempo nos dan ejemplo, ¿nos moverán a buscar la santidad?

Como dijo hace unos días la esposa de uno de los egipcios asesinados en Libia por ser cristianos: “nuestra responsabilidad como cristianos es mantener una fe fuerte. Nuestro Señor Jesucristo fue flagelado, crucificado y torturado por nosotros, ¡bien podemos verter unas gotas de nuestra sangre por Él!”

¡Bendiciones!

P. Luis Montes, IVE

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