El odio del Estado Islámico a los cristianos

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(ADI).- Tumbas profanadas, cruces hechas pedazos, iglesias destruidas o utilizadas como refugio por los yihadistas, para escapar de los ataques aéreos. El viaje a la persecución de los cristianos de la Llanura de Nínive se desarrolla a través de los símbolos sagrados hechos añicos sistemáticamente por el Estado Islámico en los pueblos liberados por la ofensiva de Mosul.

El cementerio cerca de la iglesia de Santa Shemoni en el pueblo cristiano de Bartella ha sido profanado. Los seguidores del Califa en busca de oro, piedras preciosas o por puro odio han roto las tumbas y han abierto los ataúdes. En una de las cajas de madera devastadas se ve un cráneo. Un crucifijo incrustado en el mármol ha sido cincelado y han permanecido intactos solo los brazos abiertos de Cristo.

“Es impresionante observar esta atrocidad. No han tenido ningún respeto, ni por los muertos, ni por los símbolos religiosos. Me pregunto qué daño podría hacer una cruz ”, explica Monseñor Francesco Cavina. El Obispo de Carpi, invitado por la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), vaga atónito entre las tumbas profanadas. En agosto de 2014, ante la fulminante avanzada de las banderas negras procedentes de Siria, 132 mil cristianos se vieron obligados a huir de la Llanura de Nínive. El Ejército Bagdad y los combatientes kurdos han comenzado a liberar sus pueblos solo a partir del pasado mes de noviembre con la ofensiva de Mosul, la “capital” del Estado Islámico en Irak. Los secuaces del Califa han dejado a sus espaldas unos grandes destrozos.

La iglesia de San Jorge, en Bartella, está dañada en el exterior por la furia islámica, pero por dentro ya no existe. “Ha sido completamente quemada con productos químicos”, denuncia el Padre Thabet Mekku. Se hizo ordenar sacerdote con el nombre de Pablo, el mismo que su obispo martirizado en Mosul a manos de los yihadistas en 2008, antes del nacimiento de las banderas negras. El techo y las paredes son una carcasa de color negro. El altar de mármol está astillado, pero ha resistido junto con algunos iconos que se libraron milagrosamente de la destrucción. En Karamles, otro pueblo liberado, los cristianos que todavía siguen desplazados en Erbil, la capital del norte de Irak, regresan con sus difuntos. La nuera de Gazala, una señora que ha fallecido a los 82 años, aprieta su fotografía entre lágrimas. Los hombres cargan a hombros el ataúd para luego depositarlo en la sepultura del cementerio. “Aunque Daesh ha destruido todo, traemos a nuestros difuntos a su tierra cristiana para que descansen en paz”, señala Yusuf Shamoun, un sacerdote de la comunidad dispersada por las banderas negras.

Alessandro Monteduro, que lidera la misión de ACN tiene las ideas claras: “Queremos poner en marcha un Plan Marshall para la llanura de Nínive con el objetivo de que renazca. Está en marcha un monitoreo sobre el terreno y contamos con imágenes satelitales, lo que demuestra que algunos pueblos están destruidos al 90%. Para hacer regresar a los cristianos, se necesitan casas, agua, electricidad, clínicas y luego se pensará en reconstruir las iglesias”. Según una encuesta del mes de febrero, solo el 41% de los cristianos quieren volver a sus hogares. Todo el mundo teme por su seguridad y la Hermana Silvia, religiosa de las dominicas de Mosul que se desplazaron a Erbil, está convencida de que los números son más bajos: “Las tres cuartas partes de los cristianos quieren irse de Irak”.

En Teleskuf, ocupado antes por las banderas negras y luego por los combatientes kurdos, han regresado 170 familias en las últimas semanas. Se trata del primer pueblo cristiano que renace. Otras 600 están dispuestas a hacerlo, pero solo la iglesia les ayuda a reconstruir sus vidas. Y hay nuevas amenazas en el horizonte. A la entrada de muchos pueblos cristianos abandonados se agitan las banderas victoriosas de las milicias chiíes, que querrían expandirse en la zona de Nínive.

En las paredes de Karamles están todavía intactos los símbolos y consignas de las banderas negras como la escrita “oh Allah, destruye a los Judios y los cristianos”. La pequeña iglesia de Santa María ha sido utilizada como “bunker” por los milicianos yihadistas, para protegerse de los cazas aliados. Una imagen de la Virgen ha sido desfigurada deliberadamente arrancándole el rostro y a la altura del pecho hay un agujero de bala, como si hubiera sido utilizada para hacer prácticas de tiro. El alivio llega con el tañido de una de las pocas campanas que se libraron de la furia yihadista.

En Qaraqosh, el centro del cristianismo de Nínive, los seguidores del Califa han masacrado a los ancianos, que no querían irse y se negaban a convertirse al Islam. La catedral de la Inmaculada Concepción ha sido devastada y ennegrecida por el fuego. Se han mantenido en pie solo las columnas y los cristianos han recuperado lo que queda del altar. Monseñor Cavina es el primer obispo italiano que ha celebrado la Santa Misa en una iglesia profanada durante más de dos años por las banderas negras. En su homilía, ha subrayado el “sacrificio” de los cristianos perseguidos en Irak, pero también el rayo de luz que supone “los símbolos sagrados que regresan a su lugar”.

En la catedral, los bárbaros yihadistas han hecho pedazos la lápida del Padre Ragheed Ganni, asesinado en Mosul antes del Califato. La guerra con las banderas negras ha arrasado Betnaya, un pueblo cristiano de cinco mil almas. La feroz devastación de la iglesia de San Kiriakos es como un puñetazo en el estómago. Se ha salvado una gran cruz oxidada, pero las huestes de Abu Bakr al-Baghdadi se han liado a martillazos con el altar. Y en cada una de las antiguas columnas que sostienen la nave los secuaces del Califa han escrito con spray negro “Allah” o “Mahoma”.

I cristinai profughi ad Erbil seppelliscono i loro defunti nel cimitero profanato del villaggio liberato di Qaramles DSC_0269

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(Fuente: Gli Occhi Della Guerra)

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