Imagen del Sagrado Corazón destruida por el Isis en Irak

(ADI).- Decía hermosamente San Juan Pablo Magno: “a lo largo de los siglos, la Iglesia ha recibido consolación y esperanza en la hora de la prueba y de la persecución; es invitación a buscar en el Corazón de Cristo la consolación verdadera, duradera y eficaz; es advertencia para que, tras haber experimentado la consolación del Señor, nos convirtamos también nosotros en convencidos y conmovidos portadores de dicha consolación, haciendo nuestra la experiencia espiritual que hizo decir al Apóstol Pablo: el Señor “nos consuela en toda tribulación nuestra para poder consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios” (2 Co 1,4)”.

Esto es algo que palpamos los misioneros en países donde los cristianos son martirizados y donde existe tanta devoción al Sagrado Corazón: ¡cuántos cristianos en Occidente son fortalecidos al escuchar los relatos de los cristianos perseguidos! ¡Cómo les da vida para soportar sus dificultades y tribulaciones!

Acudamos a la Virgen para que nos enseñe a volvernos siempre hacia el Corazón de su Hijo. En Palabras de Juan Pablo II: “pidamos a María, Consoladora de los afligidos, que, en los momentos oscuros de tristeza y angustia, nos guíe a Jesús, su Hijo amado, “Fuente de todo consuelo”.”

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