La verdad se abre camino en Siria

P. Luis Montes, IVE (ADI).- Desde años venimos contando lo que pasa en Siria: nunca existió una “primavera árabe” local en Siria, los “rebeldes” son extremistas que quieren imponer un invierno islámico yihadista, mayoritariamente venidos de afuera (Libia, Arabia Saudita, Afganistán, Pakistán, y un largo etcétera), los sirios en su gran mayoría no querían ni quieren un cambio de gobierno, desde el día uno de la mal llamada primavera árabe se buscó una respuesta violenta del ejército, con masacres en los pueblos, contamos como asesinaban sobre todo cristianos y musulmanes alauitas y después de cortarlos en pedazos los dejaban en tachos de basura con el dni para que se supiera quienes eran y un cartel que decía “no tocar”, como frenaban los minibuses que llevaban pasajeros entre ciudades y mataban a los hombres y violaban a las mujeres, como las multitudinarias manifestaciones a favor del gobierno eran filmadas y puestas en medios occidentales como manifestaciones que pedían la destitución del presidente. Es decir, como la “versión oficial” de los medios occidentales era mentira. Como a pesar de las pruebas en contra, seguían publicando en masa lo opuesto de lo que sucedía.

Y esto lo contábamos porque los nuestros en Siria eran testigos directos, eran cosas que veían y escuchaban, y hablaban con la gente del lugar que les expresaba exactamente lo mismo. Y por eso también acusábamos que los medios publicaban su “historia” sin nadie que les informe en el terreno, y peor todavía, daban voz a los terroristas que asolan Siria.

Por eso fue muy extraño ahora leer en un importante medio occidental, que enviaron una reportera a Alepo. Pensamos, ¿qué dirán ahora? ¿escucharán finalmente a los sirios en lo que estos tengan que decir?

Y después de un par de artículos neutros pudimos leer por primera vez la voz del pueblo sirio. Estas son algunas de las frases de ese artículo:

“Un tal Khaled Sandi (uno de los “rebeldes” ndr) se presentó como el nuevo emir de la zona. Lo primero que hizo fue ejecutar uno por uno a los varones, aquellos otros hijos del barrio que trabajaban para el Gobierno. Peinaron las casas en busca de soldados y funcionarios.”

“En julio, el asedio de las tropas sirias sobre los barrios insurrectos se intensificó deteriorando las condiciones de vida. “Ya no había comida. Los armados nos daban un puñado de lentejas y pan duro cada dos meses de la ayuda que llegaba de fuera. Pero ellos tenían, vaya si tenían… Cuando se fueron descubrimos un almacén a rebosar en sus barracas”.”

“Peor suerte vivió el barrio de Al Sukkari, más al sur, que en el reparto de territorios quedó progresivamente bajo control de los ajanib (extranjeros, en árabe). Libios, saudíes y kuwaitíes llegados de los países del Cáucaso ampliaron las filas de los grupos yihadistas imponiendo estrictas normas a unas gentes con las que nunca antes convivieron. Muchos padres decidieron recluir a sus hijas mayores de 13 años en casa, para que ningún combatiente local o foráneo se encaprichara y tuvieran que entregarla de propia voluntad o por la fuerza. “A mi hija mayor se la llevó hace un año Al Nusra [antigua filial de Al Qaeda en Siria rebautizada como Fatá al Sham]”, cuenta una vecina, Faten. Desde entonces, al igual que muchas otras madres, no ha vuelto a saber nada de su hija.”

“Cargada con una bolsa de plástico y con vestido y velo llenos de polvo, Marwa y su cuñada regresan de ver por primera vez en cuatro años su casa, también en Al Sukkari. Ambas tienen un hijo en el Ejército, y ambas se congratulan de la victoria de las tropas sirias. Una sensación agridulce tras constatar que pasarán muchos meses hasta que puedan regresar. “La planta de arriba ha desaparecido junto con varias paredes. Nos han robado todo los terroristas, todo, hasta los marcos de las ventanas”, dice antes de proseguir camino al piso de alquiler donde se hacinan 20 familiares.”

“La lluvia de bombas y morteros se intensificó, y aun así los Miro se negaron a subirse a los autobuses que evacuaban a los civiles. “Nos acostumbramos a vivir con la muerte y nos resignamos a la voluntad de Dios”, dice. Tardaron dos días en asomar la cabeza desde las escaleras que llevan al sótano, cuando una unidad del Ejército sirio inspeccionó su casa. Les dieron algo de comida y madera para calentarse.”

“En las calles, los niños hacen la señal de la victoria con la mano al paso de los soldados.”

Ahora la pregunta del millón es: ¿seguirán con las mentiras o se decidirán a ser periodistas en serio? Bastó que manden alguien al lugar de los hechos para poder leer un artículo que no esté cargado de falsedades. ¿Seguirán así?

Desgraciadamente no lo creemos. Responden a una agenda y ese escrito parecería que se les “escapó”, porque, de no ser así, tendrían que retractarse de los litros de tinta gastados en vender su “historia”.

Como enseña Juan Pablo II: “La globalización ha aumentado la capacidad de los medios de comunicación social, pero también ha acrecentado su exposición a las presiones ideológicas y comerciales. Con su influencia amplísima y directa en la opinión pública, el periodismo no se puede guiar únicamente por las fuerzas económicas, por los beneficios y por los intereses particulares. Al contrario, hay que sentirlo como una tarea en cierto sentido “sagrada”, realizada con la conciencia de que se os confían los poderosos medios de comunicación para el bien de todos y, en particular, para el bien de los sectores más débiles de la sociedad:  los niños, los pobres, los enfermos, los marginados y discriminados. No se puede escribir o transmitir sólo en función del índice de audiencia, en detrimento de servicios verdaderamente formativos. Tampoco se puede recurrir indiscriminadamente al derecho a la información, sin tener en cuenta otros derechos de la persona. Ninguna libertad, ni siquiera la libertad de expresión, es absoluta, pues encuentra su límite en el deber de respetar la dignidad y la legítima libertad de los demás. Nada, por más fascinante que sea, puede escribirse, realizarse o transmitirse en perjuicio de la verdad. Aquí no sólo pienso en la verdad de los hechos que referís, sino también en la “verdad del hombre”, en la dignidad de la persona humana en todas sus dimensiones.”

Nosotros por nuestra parte pedimos a Dios que más y más periodistas sientan su misión como algo sagrado que no se realice por intereses económicos y en perjuicio de la verdad.

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