El peligro del extremismo saudita para el mundo

(AsiaNews) Henda Ayari, musulmana franco-tunecina ha escrito un libro llamado “Elegí ser libre” donde cuenta su cambio del islam radical a uno moderado. En él alerta del peligro de la ideología wahabí-salafita que se vive en Arabia Saudita y que se exporta a todo el mundo con la fuerza de los petrodólares.

Tiene 34 años y quien la inició en el extremismo fue su marido, un francés con el que se casó a los 21 años. Lo que cuenta lo conoce de primera mano porque lo ha vivido:

En el curso de los años en los cuales he vivido en la ideología salafita, participé en conferencias realizadas por expertos salafitas en Francia y en otras naciones como Arabia Saudita, leí muchos libros y devoré centenares de páginas, de textos escritos por estos supuestos sabios y me convertí en aquello que jamás hubiese querido ser: una persona intolerante y animada de odio hacia cuántos eran diversos de mí, así como a muchísimos musulmanes sin que se dieran cuenta. Porque nosotros nos transformamos sin casi ni siquiera darnos cuenta, bajo el empuje impalpable de una de las más peligrosas sectas en el mundo…Después de los Testigos de Jehová y muchas otras sectas…

Puedo afirmar que Arabia Saudita es el patrocinador principal de la ideología wahabí que se nutre de odio hacia el mundo occidental y contra los no musulmanes… La ideología wahabí-salafita es una grave amenaza para la paz entre los pueblos. Esta constituye una ideología que ofrece fundamento a los terroristas.

Entre cuantos siguen esta ideología, los convertidos están en un progresivo aumento también porque son nuevos en la fe musulmana, son más fácilmente manipulables y más sensibles a los mensajes tóxicos y a las ideologías inherentes de odio, impuestas por esta doctrina. Esto explica también porque muchos jóvenes convertidos convergen en el terrorismo, idealizan con más facilidad a la religión y es justamente por este motivo que consideran al Estado Islámico como el nuevo El Dorado.

Aquellos que se definen salafitas quietistas, son tan peligrosos como aquellos que reivindican en modo abierto el yihadismo, porque en realidad son difundidores de odio, de división en el seno de la sociedad, se organizan con la finalidad de penetrar lo más posible en la sociedad y con los no musulmanes para vivir de ellos, aprovechando de las ayudas sociales proporcionados por los Estados y por una República que por otro lado odian… A despecho del hecho que el salafismo imponga la “hijra” en tierra islámica, la mayor parte de ellos elige vivir en países occidentales como Francia, en la cual ellos encuentran ciertas ventajas “sociales”, reivindicando al mismo tiempo la necesidad de vivir según “la sunna” (o sea siguiendo la antigua tradición que viene de la época de Mahoma), con el pretexto de la libertad y de la democracia (como sucede en la reivindicación de actividades comunes, como las piscinas no mixtas para las mujeres…).

Los sauditas son los principales responsables de la difusión en escala internacional de una ideología religiosa que hace explícita referencia al odio, a la intolerancia y a numerosas otras violaciones a los derechos del hombre y en algunos casos, a la violencia hacia los miembros de otros grupos religiosos, musulmanes y no musulmanes.

Como sucede desde hace decenas de años, Arabia Saudita coloca millones de petrodólares en las organizaciones islámicas de todo el mundo. Por el resto es resabido que una de las prioridades de Riad es el de difundir una visión fanática del islam saudita sunita y de luchar contra la difusión del islam chií de su peor enemigo, Irán.

Es todo un sistema de influencias que las autoridades sauditas han puesto en pie y financiado gracias al dinero que deriva de la venta de petróleo, con el cual Riad financia a predicadores en el extranjero, construye mezquitas, escuelas, centros y apoya campañas finalizadas para contrastar instituciones, responsables y medios en el extranjero que podrían oponerse a la agenda del reino.

En uno de los muchos textos que distribuyen para propagar su doctrina en todo el mundo, podemos leer las palabras de un alto funcionario religioso. “No te unas con los infieles, ódialos por su religión, abandónalos, no cuentes jamás con ellos ni en caso de necesidad, no los admires, contrástalos siempre en todos los modos posibles y en conformidad con la ley islámica”.

En algunos libros wahabí, como por ejemplo el librito de bienvenida del servicio cultural de la embajada de Arabia Saudita en Washington (publicado por el gobierno saudita), o en otros libros, manuales del ministerio saudita de la Instrucción, hay una lista de fatwas y de decretos religiosos emitidos por el departamento gubernamental para las religiones o publicados por otras organizaciones que tienen sede en Riad. En su interior se pueden encontrar instrucciones sobre cómo se debe comportar un musulmán y se deduce la modalidad con la cual alentar a cada musulmán a construir un “muro de resentimiento” entre los musulmanes y los infieles: “Nunca saluden a los cristianos ni a los hebreos. No se alegren jamás con el infiel por sus fiestas. No se hagan amigos con los infieles excepto para convertirlos”. Y en otro libro podemos leer que si las relaciones entre musulmanes y no musulmanes fuesen armoniosas, no habría más “ni fidelidad, ni enemistad, no existiría la jihad y la lucha para alabar la obra de Allah sobre la tierra”.

Estos textos llenan hoy las bibliotecas, las salas de estudio, las mezquitas de todo el mundo y en Francia ya han provocado daños terribles en la mente de muchos musulmanes.

Estos textos muestran el adoctrinamiento de los musulmanes hacia la ideología beligerante y hostil de la secta radical wahabí salafita de Arabia Saudita. Todos los sauditas deben ser obligatoriamente musulmanes y el gobierno saudita, en colaboración con el establishment religioso del país, impone el wahabismo como doctrina oficial del Estado.

El wahabismo aplicado a la monarquía saudita y sobre el cual ella fundó la propia legitimidad, se presenta como una ideología fanáticamente sectaria, xenófoba y a veces violenta. Sus textos articulan una doctrina colma de ira que rechaza la coexistencia de las diversas religiones y condena en modo explícito a los cristianos, a los hebreos, a cuantos no son musulmanes, así como a los musulmanes no wahabíes.

Ellos inculcan el desprecio hacia los Estado no musulmanes, porque estos países son regulados por leyes civiles en cambio de la ley islámica totalitaria de tipo wahabí. Algunos textos ordenan a los musulmanes que jamás se ciudadanicen de estos países por un período de tiempo demasiado largo, porque son gobernados por infieles. Ellos aconsejan a sus seguidores trabajar para la creación de un Estado islámico.

Llegó el tiempo de combatir esta doctrina devastadora y afirmar los principios de libertad y de los derechos contra el wahabismo saudita y de enfrentar en modo directo de enseñanzas de esta ideología cargada de odio.

Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , .Enlace para bookmark : permalink.

Deja un comentario