El Patriarca caldeo pide a la comunidad internacional que proteja el milenario patrimonio cultural iraquí en peligro

Abu Dabi (Agencias).- El Patriarca de Babilonia de los Caldeos y presidente de la Conferencia Episcopal de Irak, Mar Louis Raphael Sako, dirigió unas palabras a los participantes en un encuentro sobre la protección del patrimonio en zonas de conflicto. Copresidida por el gobierno francés y los Emiratos Arabes Unidos, y patrocinada por la Unesco, la Conferencia de Abu Dabi reunió del 2 al 3 de diciembre de 2016 a representantes de 40 países que hablaron acerca de la creación de un fondo especial y una red internacional de refugios para poner a salvo los bienes amenazados por guerras o acciones terroristas.

En su intervención, el Patriarca caldeo dijo que “la escalada de los conflictos étnicos y religiosos en la región demuestra la necesidad urgente de una acción decisiva de la comunidad internacional, con el fin de proteger y preservar este patrimonio cultural”.

“La invasión estadounidense de Irak en el 2003 y la caída de Bagdad han dado como resultado el tráfico de cientos de objetos de valor incalculable, robados ante la indiferencia generalizada del Museo Nacional iraquí. Y lo mismo ha sucedido con el museo en Mosul, a raíz de la conquista de la ciudad por los extremistas del Estado Islámico (EI). Estos episodios han sido una grave pérdida de nuestro patrimonio”, lamentó.

“Los yihadistas del EI han dado lugar a una verdadera campaña de destrucción, que buscó aniquilar todo aquello que precedió a la era islámica. Y todo aquello que no se ajustaba a su ideología”, aseguró.

“La comunidad internacional debe involucrar al gobierno iraquí y a otros gobiernos de la región, para asegurar la conservación y protección de este patrimonio milenario. Y crear un grupo de expertos que puedan llevar a cabo los trabajos de restauración necesarios”, reclamó Mar Louis Raphael Sako.

“Esperamos con renovada esperanza de que estos antiguos sitios, estas antiguas iglesias, monasterios y mezquitas sean reconstruidos siguiendo los pasos correctos y respetando las formas originales”, añadió.

Al término del encuentro, se hizo publica la llamada Declaración de Abu Dabi. Los firmantes de este documento se comprometieron a actuar de modo enérgico contra los extremistas y terroristas que atacan la denominada diversidad cultural, que “es fuente de bienestar colectivo que alienta el diálogo”.

En base al citado texto, una de las dos metas más ambiciosas a largo plazo -fijada por los líderes presentes en la Conferencia de Abu Dabi- fue garantizar más movilización de la comunidad internacional para salvaguardar el patrimonio mediante la creación de un fondo mundial de al menos 100 millones de dólares.

Asimismo, se acordó constituir una red internacional de refugios seguros para salvaguardar temporalmente propiedades culturales en peligro por guerras o acciones terroristas en sus propios territorios.

“El patrimonio cultural del mundo representa el fundamento del futuro común de la humanidad y es un espejo (de la misma), un guardián de nuestra memoria colectiva y un testigo del extraordinario espíritu creativo de la humanidad”, señalaron los autores de la declaración.

Por ello, “amenazar, atacar, destruir y saquear (esos valores) representa una estrategia para debilitar los múltiples pilares de la identidad de los pueblos, su historia y el ambiente donde construyen sus vidas. Sin esta herencia, su memoria es borrada y su futuro comprometido”, añadieron.

Durante los dos días de discusiones, Jefes de Estado y primeros ministros, dignatarios, expertos y representantes de entidades internacionales y de instituciones estatales y privadas lograron “unir fuerzas colectivamente”.

Hoy, los conflictos armados y el terrorismo en todos los continentes están afectando a millones de hombres y mujeres sin tomar en cuenta un patrimonio de siglos. Los extremistas atacan violentamente -y a menudo deliberadamente- las culturas de los países de los pueblos que devastan, destacaron los firmantes del comunicado final. Los fundamentalistas armados “buscan destruir el patrimonio que pertenece a todos nosotros”, concluyeron.

En presencia del príncipe heredero de Emiratos Árabes Unidos, Mohamed ben Zayed Al Nahyan, y de la directora general del UNESCO, Irina Bokova, el presidente François Hollande indicó que la sede del fondo financiero estaría en Ginebra y que el objetivo era recaudar 100 millones de dólares, de los que 30 serían donados por Francia.

En relación al otro objetivo de la reunión, la creación de una red internacional de zonas de refugio, ciertos Estados, como Bosnia-Herzegovina, dijeron estar dispuestos a formar parte de esa red.

Esta reunión internacional tuvo lugar en un contexto internacional marcado por la guerra en Siria y en Irak. En Siria, los grupos armados rebeldes han causado la casi total destrucción de la ciudad histórica de Alepo, proclamada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Además, los milicianos del Estado Islámico, que llegaron a dominar grandes áreas de Irak y Siria tras su ofensiva del verano de 2014, procedieron a la destrucción sistemática de iglesias cristianas, mezquitas chiíes y ruinas milenarias, entre ellas la ciudad de Nimrud, de más de 3.000 años de antigüedad, o la ciudad de Palmira, de más de 2.000 años de historia.

Por su interés, publicamos la intervención íntegra del Patriarca de Babilonia de los Caldeos:

Irak, la antigua Mesopotamia, ha sido la cuna de civilizaciones: empezando por los sumerios, los acadios, los babilonios, los caldeos, los asirios, los persas, los judíos, los cristianos y los árabes musulmanes. Todas juntas forman un tesoro nacional e internacional.

Hay muchos sitios arqueológicos, muchas iglesias y monasterios antiguos dispersos por todo Irak, porque los cristianos eran mayoría antes de la llegada de los árabes musulmanes en el siglo VII.

La escalada de los conflictos étnicos y religiosos en la región demuestra la necesidad urgente de una acción decisiva de la comunidad internacional, con el fin de proteger y preservar este patrimonio cultural.

La invasión estadounidense de Irak en el 2003 y la caída de Bagdad han dado como resultado el tráfico de cientos de objetos de valor incalculable, robados ante la indiferencia generalizada del Museo Nacional iraquí. Y lo mismo ha sucedido con el museo en Mosul, a raíz de la conquista de la ciudad por los extremistas del Estado islámico (EI). Estos episodios han sido una grave pérdida de nuestro patrimonio.

Los yihadistas del EI han dado lugar a una verdadera campaña de destrucción, que buscó aniquilar todo aquello que precedió a la era islámica. Y todo aquello que no se ajustaba a su ideología.

Tras la destrucción de las mezquitas de Nabi Younis y Nabi Jarjees, así como la destrucción de algunos de los sitios más importantes y antiguos como Nimrud y Hatra (Hadhar), combinado con la quema de cientos de manuscritos tomados de muchas iglesias y monasterios, la comunidad internacional debe involucrar al gobierno iraquí y a otros gobiernos de la región, para asegurar la conservación y protección de este patrimonio milenario. Y crear un grupo de expertos que puedan llevar a cabo los trabajos de restauración necesarios.

No obstante, entre los signos alentadores, está la iniciativa puesta en marcha por el padre Najib Mussa, un monje dominico, que fundó en 1990 el “Centro digital de Manuscritos Orientales” en Mosul y comenzó a documentar y clasificar los manuscritos de las iglesias y monasterios. Filmó 7.500 manuscritos y restauró otros que se habían dañado con el tiempo. Gracias a su trabajo, hay disponibles discos compactos y catálogos en el centro de los dominicos de Erbil.

Esperamos con renovada esperanza de que estos antiguos sitios, estas antiguas iglesias, monasterios y mezquitas sean reconstruidos siguiendo los pasos correctos y respetando las formas originales.

Hoy, la situación todavía es insegura, e incluso cuando sea vencido el EI, su ideología continuará generando un nuevo tipo de conflicto. Por ello, me gustaría llamar su atención sobre los siguientes proyectos, que se distinguen por tener un carácter concreto y, al mismo tiempo, urgente.

  1. Crear un refugio seguro para la conservación y el almacenamiento del patrimonio cultural en peligro de desaparecer, con el acuerdo del gobierno iraquí (convención), o al menos establecer una oficina de las Naciones Unidas para garantizar su supervisión.
  2. Llevar expertos que sean responsables de la formación del personal iraquí sobre cómo hacer frente a este patrimonio cultural, que ha estado aquí durante miles de años. Y entrenar a su personal sobre cómo documentar, proteger y restaurar los manuscritos, lugares históricos, objetos antiguos, iglesias, monasterios, sinagogas y mezquitas de la manera correcta.
  3. Dotar a estos equipos iraquíes con instrumentos modernos y sofisticados, para realizar una tarea tan importante y delicada.
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