El misionero que sufrió un atentado en Bangladesh: “Dios me ha hecho nacer una segunda vez”

Roma (OMPRESS).- El semanario católico italiano Credere ha publicado una entrevista al padre Piero Parolari, un año después de que este misionero del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras (PIME) sufriera un atentado en Bangladesh.

El 18 de noviembre de 2015 aquel atentado le dio una notoriedad de la que siempre ha huido. El padre Parolari siempre ha amado la discreción y el silencio. En sus declaraciones reconoce que “me ha sido, literalmente, devuelta la vida. Milagrosamente, el proyectil que me ha alcanzado ha entrado y salido por el cuello sin dañar ningún órgano vital”. Reconoce además que todo lo que tiene es un don de Dios: “la vida, la fe, una familia muy unida, ser médico y misionero”.

En la entrevista, le mostraron un periódico de Bangladesh, del 24 de marzo, cuando todavía estaba recuperándose del atentado, en el que decía: “Los enfermos de Dinajpur sienten la ausencia de su médico italiano”. El misionero explicó que a él le pasaba lo mismo, también sentía la falta de su gente.

Le preguntaron, además, sobre su agresor, abatido por la policía después: “He rezado por él. Pero aquí entramos en un ámbito muy personal. Alguien me ha preguntado si le he perdonado: le he respondido que para mí puede ser relativamente fácil, dado que he tenido el gran don de no ver siquiera su cara. Me limito a decir que hoy rezo de modo diverso, sobre todo los salmos. Tomemos el 117: ‘Dad gracias al Señor porque es bueno… No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. Me castigó, me castigó el Señor pero no me entregó a la muerte’. Al recitarlo hoy, tras lo sucedido, esas palabras asumen un sentido nuevo y profundo”.

Ordenado sacerdote en 1984, el padre Piero llegó a Bangladesh un año después. Ha trabajado durante 16 años en la zona de Rajshahi, en el norte, al servicio de los enfermos. Tras un periodo de 7 años en Italia, que le pidió su instituto, volvió de nuevo a Bangladesh en el 2008, destinado a la parroquia de Suhiari, en las afueras de Dinajpur. Allí, hasta noviembre de 2015, desarrolló una actividad pastoral y sanitaria. Estaba encargado del cuidado de los enfermos de la parroquia, en el hospital St. Vincent, gestionado por la misión, además de atender a enfermos de tuberculosis.

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