Más de cien muertos por la explosión de un camión bomba al sur de Bagdad

(ABC/Agencias).- La peregrinación chií del Arbaeen fue un año más objetivo del terror en Irak. Al menos cien personas, la mayor parte fieles llegados desde Irán, murieron tras un atentado en un área de servicio de Hilla, a 100 kilómetros al sur de Bagdad, reivindicado por el grupo yihadista Estado Islámico (EI o Daesh, por su acrónimo en árabe) a través de su agencia Amaq. El presidente Fuad Masum condenó el ataque terrorista y lo calificó de “crimen atroz”.

Fuentes de la seguridad iraquí indicaron que un suicida al volante de un camión cisterna se inmoló este jueves cerca de una gasolinera y un restaurante de carretera muy populares. En el momento de la explosión el aparcamiento estaba lleno de autobuses que regresaban de la vecina localidad de Karbala, epicentro de la ceremonia que conmemoró el pasado domingo los 40 días de la muerte del Imam Husein, nieto de Mahoma.

Millones de peregrinos chiíes llegados de todo el mundo asistieron a la gran celebración que discurrió bajo fuertes medidas de seguridad y supuso un gran esfuerzo para unas autoridades volcadas desde el 17 de octubre en la ofensiva para recuperar el control de Mosul, capital del autoproclamado califato del Estado Islámico en Irak. La muerte de Husein, hace más de 1.300 años en Karbala, agrandó el cisma en el mundo musulmán abierto tras la muerte de Mahoma y supuso la separación definitiva entre chiíes y suníes. Un cisma que ha llegado a nuestros días y que desde la caída de Sadam Husein se ha convertido en una guerra abierta en Irak, pero también en Siria o Yemen. Irán respalda a los grupos chiíes, mientras que Arabia Saudí es el principal soporte suní. Para Daesh, los chiíes son herejes y la limpieza sectaria es una de las prioridades en su agenda.

Batalla por la liberación de Mosul
El Ejército de Irak, los peshmergas kurdos y las Unidades de Movilización Popular (milicias chiíes conocidas como Al-Hashd al-Shabi) cercan por completo Mosul en la sexta semana de ofensiva. Los paramilitares chiíes, cuya presencia no tiene el visto bueno de Estados Unidos, lograron este miércoles cerrar la última vía de salida que le quedaba a los seguidores de Abu Bakr al-Bagdadi -líder yihadista del autodenominado Estado Islámico- hacia Siria y vuelven a erigirse en una pieza importante en esta operación, como ya lo fueron en Ramadi, Faluya o Tikrit.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) eleva a 69 mil el número de civiles que han logrado escapar y viven ahora en campos de desplazados, una cifra que crece según aumenta la intensidad de los combates. Tras un avance más rápido de lo esperado en las primeras semanas, la ofensiva se ha ralentizado desde que las fuerzas especiales lograran penetrar en el este de Mosul. La fuerte presencia de civiles, se calcula que más de un millón, complica los bombardeos de la coalición que lidera Estados Unidos y los iraquíes combaten calle por calle, casa por casa. Hasta ahora han entrado en doce de los 50 distritos del este de Mosul y encuentran una dura oposición de los yihadistas.

Atentados como el de Hilla recuerdan a las autoridades que la victoria militar en Mosul no supondrá el final de la amenaza de un grupo terrorista habituado a vivir en las clandestinidad y experto en atentados indiscriminados.

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