Pakistán, se incrementa la violencia sectaria, y la minoría Cristiana y las mujeres son los blancos principales

Paquistán violencia mujeresDe Shafique Khokhar

La Comisión de Derechos Humanos de Asia informa sobre los más recientes casos de abuso. Entre éstos, se cuentan las conversiones forzadas, los secuestros y las violaciones. El ataque a los bienes y propiedades de las minorías son pasados por alto con total impunidad. La libertad religiosa es cada vez más amenazada. El gobierno tiene la responsabilidad de proteger a todos los ciudadanos.

Lahore (AsiaNews) – Los cristianos y otras minorías religiosas están siendo crecientes víctimas de episodios de violencia, ataques, abusos y violaciones a la libertad de culto, denuncia la Comisión de Derechos Humanos de Asia en un reciente informe en el cual analiza los casos ocurridos en los últimos meses.

Miles de cristianos, que representan el 13% de la población, son anualmente objeto de ataques, frecuentemente cometidos en nombre de las leyes contra la blasfemia. En particular, las mujeres son las primeras víctimas de esta violencia, que muestra crecientes episodios de secuestros y conversiones forzadas al Islam (por lo menos mil al año, de acuerdo a los datos del 2013 brindados por la ONG  Aurat Foundation).

La libertad religiosa -si bien es reconocida formalmente en los papeles- se muestra, cada vez más, como una mera fachada de derecho.

Los cristianos e hindúes son las víctimas preferenciales de los grupos e individuos extremistas islámicos que, aprovechándose de su condición y por medio de la fuerza, cometen abusos y violaciones. Punjab es una de las provincias de Pakistán donde ocurren la mayor parte de los hechos de violencia. Sin embargo, el Jefe de Gabinete de Ministros, Shahbaz Shari, y los responsables de la policía local ordenan llevar a cabo investigaciones superficiales que, en la mayoría de loa casos, dejan a las víctimas sin justicia.

La Comisión de Derechos Humanos de Asia recientemente recibió informes acerca de 3 incidentes de conversiones forzadas contra tres cristianos menores de edad. El primer caso se trata de Sana John, de 13 años de edad, secuestrada el 9 de noviembre y forzada a abrazar el Islam por un joven musulmán conocido como Rambo. No obstante las quejas de la familia contra el joven y algunos de sus familiares, tanto la policía como el sistema judicial hasta el momento no han tomado medidas tendientes a obtener justicia.

Un caso similar es el de la joven cristiana Shukat Agnes, hija de Shukat Masih, nativa de Lahore, que fue secuestrada el 20 de noviembre en Uzma por su empleador musulmán, quien es propietario de una tienda donde ella trabajaba. A pesar de las denuncias presentadas por sus padres, que incluso mencionan al secuestrador, los oficiales de policía han abierto una investigación contra delincuentes de identidad “desconocida”.

El incidente ocurrió en el distrito de Kasur, uno de los más riesgosos de Pakistán a causa de los ataques y la violencia sectaria que allí se viven, y el mismo sitio donde una pareja de cristianos fue quemada viva, a causa de una presunta blasfemia.  En este caso, los investigadores ignoraron las evidencias, con lo cual los perpetradores quedaron impunes.

El tercer incidente se remonta al 22 de septiembre, cuando una joven de 22 años, Safia Bibi, fue llevada contra su voluntad y violada reiteradamente por un vecino. Bajo la presión de las ONGs y los activistas, en este caso la Comisaría policial de  Raja Jang arrestó al Sr. Umar, quien ahora deberá enfrentar un proceso judicial.

Tanto activistas como expertos están de acuerdo en que la comunidad cristiana pakistaní es sistemáticamente objeto de ataques a la vez que se le niega la justicia y no puede practicar su religión libremente. El último episodio ocurrió el 25 de noviembre, cuando un grupo de extremistas incendió las instalaciones de la emisora Christian Gwahi TV. Los  investigadores han intentado cerrar el caso alegando que se trató de un incendio detonado por un cortocircuito, no obstante la evidencia conducía hacia un ataque motivado por sentimientos extremistas. De hecho, los atacantes robaron gran parte del material que se conservaba en los estudios de televisión.

Desde 1963, año en el que Islam se convirtió en la religión del Estado, las autoridades no han sido capaces de garantizar protección a las minorías, y en los últimos años la situación ha empeorado notablemente, con una creciente sensación de inseguridad y de falta de libertad.

Las poco célebres leyes contra la blasfemia son una espada de Damocles que pende sobre la cabeza de las minorías, y que progresivamente han ido erosionando los fundamentos de la armonía y el pluralismo religiosos. En muchos casos, los acusadores abusan de estas leyes como una excusa para entablar disputas de índole personal, volviéndose fiscales, jueces y justicieros, en el caso de las matanzas extrajudiciales.  .

De allí surge el reclamo de los activistas y expertos de la Comisión de Derechos Humanos hacia el gobierno, para que adopte políticas tendientes a proteger a las minorías religiosas y a los grupos más vulnerables en el proceso de construcción de la nación. Porque ninguna nación del mundo puede sobrevivir poniendo a un lado a las minorías, y es responsabilidad de las autoridades e instituciones asegurar la libertad de culto y la seguridad, sin importar el credo, la raza, o el estatus social de los ciudadanos.

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