Manuscritos contra el Estado Islámico

Manuscritos isisPJ ARMENGOU / Erbil – La Vanguardia

Un coche cruza la noche cargado con cientos de incunables y manuscritos de gran valor. Conduce el Padre Najib, un monje dominico de Mosul. Le acompaña una familia cristiana que ha encontrado por el camino.

Detrás, el valle de Nínive se vacía de cristianos a medida que el Estado Islámico avanza. Es la madrugada del 6 al 7 de agosto de 2014. Viajan a toda velocidad hacia Erbil, capital del Kurdistán iraquí, dónde esperan estar a salvo. Cuando en un check point quedan bloqueados y tienen que abandonar su vehículo, prosiguen el camino a pie con los viejos manuscritos a cuestas.

Para el Padre Najib, la lucha por las vidas de los cristianos de Oriente, no se puede desvincular de la lucha por su cultura. Sabe bien que al abandonar sus pueblos, los cristianos no sólo pierden sus pertenencias y sus hogares, también parte de su historia. “Tenemos que proteger el árbol de nuestra cultura con sus raíces, que son el pueblo cristiano”, dice.

No es la primera vez que el Padre Najib se ve obligado a huir. En 2007, mucho antes de que el Estado Islámico entrara en escena, tuvo que abandonar la ciudad de Mosul. Diversas iglesias de la zona habían sufrido ataques, y sus superiores creyeron estaría más seguro en Qaraqosh, 30 kilómetros al este. Allí reubicó la sede de su Centro de Numeración de Manuscritos Orientales. Viajaban con él 8.000 manuscritos de las iglesias caldeas, sirocatólicas, armenias y nestorianas: tratados de medicina y astrología, textos bíblicos y litúrgicos, literatura y poesía… La memoria escrita de los herederos de Babilona. Los textos de una de las primeras comunidades cristianas del mundo.

La alternativa al destierro era para Najib y los cristianos de Nínive, la conversión o la muerte y, con toda seguridad, la destrucción de sus libros y lugares santos. Cientos de manuscritos que quedaron abandonados en templos de Mosul y sus alrededores son ahora cenizas. La iglesia de la comunidad del Padre Najib en Mosul es hoy una prisión donde los terroristas torturan a sus cautivos. Las oficinas del centro que dirige el dominico son ahora un cuartel.

“El Estado Islámico intenta matarnos dos veces. Primero mata nuestro cuerpo y luego mata nuestra historia”, afirma el monje.

Ante tanta muerte y persecución, muchos cristianos buscan desesperadamente una vía para huir del país. Aunque se muestra comprensivo con los que se marchan, el Padre Najib no quiere oír hablar de dejar Iraq ni tampoco de trasladar los archivos al extranjero. Quedarse y seguir trabajando por la cultura y los refugiados es su manera de plantar cara al Estado Islámico.

El Padre Najib vive ahora en Erbil, en el barrio cristiano de Ainkawa. Ahí sigue dirigiendo su centro de numeración, en el que trabajan ocho personas más, todos ellos refugiados. Combina esta tarea con la dirección del campo “Esperanza” en el que conviven cristianos y yazidíes expulsados por el Estado Islámico.

“Tenemos la responsabilidad de salvar a nuestra gente y de preservar nuestra cultura para el futuro”, dice. “Queremos quedarnos en nuestra tierra. No desapareceremos.”

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