Familia jordana compartió con Papa Francisco su testimonio con cristianos perseguidos

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Por Eduardo Berdejo
FILADELFIA, 26 Sep. 15 / 09:25 pm (ACI).- “Somos una minoría, pero somos como la sal, la cual se necesita solo en cantidades pequeñas para ser esencial para la comida”, fueron las palabras que el Papa Francisco escuchó de una familia cristiana venida de Jordania, que compartió su testimonio de fe y servicio con los refugiados que huyen de la violencia y persecución religiosa en Siria e Irak.
Nidal llegó junto a su esposa Nida Joseph y sus dos hijas Faten y Dema al Encuentro Mundial de las Familias que se realiza en Filadelfia (Estados Unidos), en representación de Asia. Ellos trabajan, junto a otras familias y organizaciones cristianas, “con los pobres, los perseguidos a causa de su religión” y los que dejan sus países huyendo de la guerra, sobre todo en Irak y Siria, donde el Estado Islámico (ISIS) inició a mediados del año pasado una cruel persecución contra los cristianos y otras minorías religiosas.
“Las familias cristianas que actualmente viven en nuestra tierra están llamadas a ser como velas, iluminando contra la oscuridad de la destrucción, las guerras, asesinatos y persecución”, afirmó Nidal, quien contó que junto a su esposa e hijas adolescentes buscan mostrar a los demás “la única verdadera respuesta a los problemas del mundo: Jesucristo”.
En su testimonio, recordó que los cristianos están en Medio Oriente desde hace 2.000 años, durante los cuales han tenido que enfrentar “muchos periodos de fuertes persecuciones”, así como “otros intentos por silenciar la palabra de Jesús”. Sin embargo, “nosotros crecemos juntos, con apoyo y amor, en nuestras familias, iglesias y comunidades. Somos una minoría, pero somos como la sal, la cual se necesita solo en cantidades pequeñas para ser esencial para la comida”.
En ese sentido, dijo que las dificultades que enfrentan los “refugiados cristianos que han llegado a Jordania nos han hecho, como comunidad cristiana jordana, doblar nuestros esfuerzos para darles una mejor ayuda a nuestros hermanos y hermanas, estos refugiados sirios e iraquíes han sacrificado todo excepto su fe”.
“Nos hemos dado cuenta que tenemos una responsabilidad, un llamado especial del Señor para ser sus testigos”, afirmó Nidal, cuya parroquia se encuentra a solo 25 millas de la frontera con Siria.
“Nuestra familia está verdaderamente unida en el amor de Cristo y sabemos que es la fortaleza de su Cuerpo la que nos anima y da el aliento de vida para superar y progresar en este ambiente hostil”.
“Gracias Santo Padre por su maravillosa compasión por aquellos que pasan apuros”, culminó Nidal, quien pidió a Francisco que siga rezando por todos los cristianos perseguidos.

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