LIBANO Desde los Makassed se entabla una lucha doctrinal contra el extremismo islámico

de Fady Noun
El organismo oficial de referencia de los sunnitas en el Líbano aprobó un documento titulado “Declaración de Beirut sobre la libertad religiosa”. Cabe preguntarse si Dar el-Fatwa logrará retomar progresivamente el control de la enseñanza religiosa en las mezquitas del país.
Beirut (AsiaNews) – El extremismo islámico y las atrocidades que lo acompañan han mostrado al mundo la crisis intelectual y existencial que golpea al mundo musulmán. Es una crisis que no se limita al mundo árabe. Tanto en el Líbano como en Egipto, en Arabia Saudita, en Viena, en Atenas y en muchas otras partes se multiplican los congresos y conferencias para aclarar -y distinguir- lo que es el Islam de lo que no lo es, y para difundir una cultura musulmana “moderada e iluminada”, para retomar una término bien conocido. La tarea no es fácil.
Un pequeño paso en esa dirección es el que se acaba de dar en el Líbano con la publicación de un documento de tres páginas titulado “Declaración de Beirut sobre la libertad religiosa” (20 junio de 2015). Dicho documento fue publicado por los “Makassed islámicos”, cercanos a Dar el-Fatwa, organismo oficial de referencia de los sunnitas en el Líbano.
El documento fue bien recibido por los círculos intelectuales libaneses cristianos, que están atentos al problema. Los Makassed conforman la asociación sunnita más importante en el Líbano. Dicha asociación trabaja junto al grupo cristiano de Saydet el-Jabal -que integran también los ex diputados Samir Frangié y Farès Souhaid-, tras el objetivo de consolidar la adquisición de una cultura común y de defender la convivencia entre cristianos y musulmanes. La convivencia entre ambos grupos se ha vuelto frágil debido al extremismo religioso y político.
La necesidad de este trabajo se ha vuelto urgente debido al auge de la Islamofobia, fortalecida por los mismos musulmanes y promovida por las redes sociales, sobre todo en países en los cuales los musulmanes representan una minoría. De acuerdo a los datos disponibles, hay en el mundo 1.200 millones de musulmanes de los cuales un porcentaje nada desdeñable vive en países definidos como “no musulmanes”.
La “Declaración de Beirut” fue adoptada luego de un primer “Congreso islámico de los Makassed” que se desarrolló bajo la presidencia de Amine Daouk. Los disertantes han sido Hicham Nachabé, rector de la Universidad de los Makassed (en la foto), Mohammad Sammak, figura familiar en el diálogo islámico-cristiano y Radwan Sayyed, investigador y pensador.
“El enemigo ya está en marcha. La onda extremista ya llegó hasta nosotros”, dice preocupado M. Sammak, a quien encontramos en su oficina en el ultraprotegido edificio de oficinas “Courant du Futur”, en la avenida Spears. Históricamente, explica, el crecimiento del extremismo musulmán surge a partir de la derrota árabe contra Israel en 1967. Los religiosos israelíes han visto la derrota árabe y la conquista de Jerusalén como un cumplimiento de una promesa de Dios. Pero los movimientos islámicos, que en ese entonces eran minoritarios y débiles, han considerado dicha caída como una derrota del laicismo árabe. “Dios no está de parte de los judíos. Dios está con nosotros. Los que no estábamos antes con Dios éramos nosotros. Entonces debimos volver al Islam”, dijeron. El estrecho vínculo entre religiosos y política, su resurgimiento, data entonces de principios de los años ’70. Llegó en paralelo al Sionismo cristiano, que afirmaba pretenciosamente que “el retorno de Israel a su tierra” y la reconstrucción de Jerusalén y su Templo de Salomón eran los signos que precedían a la Segunda Venida de Cristo, una desviación milenaria que siempre permanece actual.
“Nosotros – agrega el consejero del ex prémier Saad Hariri – pensábamos que nuestra sociedad, tan abierta y liberal, con su composición multicultural, estaría a salvo de este fenómeno. Hoy, en cambio, nos sorprende su virulencia, en particular entre los jóvenes, no obstante sigue siendo minoritaria”.
El extremismo se inflitra en la sociedad musulmana a través de vías capilares, con lo cual se vuelve difícil de controlar. Sus dogmas se difunden a través de una enseñanza religiosa “subterránea” impartida por el Imam, “Dios sabe dónde o a quién”, por hombres cuyos espíritus han sido formados en una cultura que excluye la idea de lo “diverso”.
Completo desastre
La “Declaración de Beirut” pone los puntos sobre la “i” en el campo de la doctrina islámica en cuestiones tales como el reconocimiento de la libertad de la fe y de la enseñanza, el respeto a la libertad de conciencia, el respeto a la dignidad del ser humano como tal, el derecho a la diferencia, el respeto por el pluralismo, el derecho a la participación política y social, la construcción de un Estado civilizado, el cumplimiento de la Carta de los derechos humanos, el compromiso con un Líbano unido y democrático, etc.
Este breve compendio de la doctrina, accesible a todos, intenta corregir un pensamiento islámico marcado en el Líbano por el desorden más absoluto en materia de enseñanza religiosa musulmana, deplora Sammak. Dar el-Fatwa, explica que, durante los años de la guerra, en la que la amenaza todavía se sentía, había un vago monopolio en la educación. Más tarde, Abdel Rahim Mrad, quien se convirtió en Ministro de Educación, otorgó nuevas licencias a las instituciones religiosas musulmanas y el caos creció, “hasta el punto de que Libia financia uno de ellos, cuyo presidente es miembro del aparato de inteligencia sirio”. Y “Rafic Hariri tenía un presentimiento de la llegada de la ola extremista”.
“Tradicionalmente, en las escuelas oficiales, los estudiantes cristianos salían de la clase cuando llegaba el jeque, y lo mismo hacían los estudiantes musulmanes cuando era el turno del sacerdote o de la instrucción religiosa. El ministro ha reaccionado a esta separación de la enseñanza religiosa… eliminando la enseñanza. Era como regular un problema a través del absurdo. La enseñanza se introdujo de nuevo, pero seguía siendo anárquica. En los años 90 Hariri me pidió personalmente encontrar treinta imanes de mezquitas que estuvieran dispuestos a matricularse en las universidades europeas, con el fin de formar un núcleo de ulemas abiertos, moderados, reformadores, ilustrados”.
“He fallado en mi misión. Todo el mundo al que me acerqué estaba demasiado cómodamente establecido en su carrera como para volver al juego de recomenzar a estudiar”.
La libertad de conciencia
La Declaración de Beirut “seduce – según Sammak – porque figuran conceptos como el respeto a la libertad de conciencia. Es un concepto que está en el corazón de la cultura cristiana y de la Teología propiamente dicha. Los cristianos no están acostumbrados a oír hablar de la libertad de conciencia. Hablamos de la libertad religiosa. Pero la libertad de conciencia va más allá”.
El documento también señala que “no existen en el Islam un Estado islámico o un Estado teocrático” porque el Islam no establece ningún régimen político específico. Considera que es una cuestión que compete a los miembros de la sociedad. “También provocó la indignación de tres jeques, que se retiraron de la conferencia, diciendo que la fe musulmana es incompleta sin el reconocimiento de la fe cristiana, porque tanto los cristianos como los musulmanes creen en un solo Dios”. “He sido criticado en YouTube, porque yo denuncié sus espíritus cerrados, agobiados por el turbante.”
“Estos ataques no son importantes, porque no es Mohammad Sammak quien habla”, dijo nuestro interlocutor. No he atacado ciertamente el turbante, sino sus mentes obtusas. La “Declaración de Beirut” está revestida de la autoridad del Makassed, una combinación de la tradición antigua, que tiene 137 años, y que viene de las escuelas de todo el Líbano, una universidad, de las mezquitas, hospitales, instituciones culturales. La declaración es tan importante no sólo por su contenido, sino también a causa de la plataforma desde la cual se puso en marcha y por la sincronización.
“No es que hayamos descubierto la rueda” continúa Sammak. “Por supuesto, tuvimos el coraje de actualizarnos, pero muchas de estas cosas no se puede decir que sean nuevas. Al-Azhar las viene repitiendo desde 1920. Mohammad Abdo, el imán de Al-Azhar y el jeque Abdel Razzak fueron atacados con ferocidad cuando dijeron que el Islam es una religión, no un sistema político, y lo han hecho notar con versos bien precisos”.
“Debemos luchar contra el extremismo dentro del mismo Islam”, insiste Mohammad Sammak. No se puede dar uno por satisfecho diciendo: esto no es el Islam. Tenemos que convencer a los musulmanes con argumentos extraídos de la fe musulmana, del Corán”.
¿Dar-Fatwa estará en condiciones de volver en el tiempo al control de la enseñanza de la religión musulmana y de las oraciones que se celebran en las mezquitas de Líbano? Se trata de un objetivo a largo plazo que se ha fijado esta instancia, que saca su fuerza de un Islam iluminado proveniente de al-Azhar y reforzado por las recientes y fundamentales declaraciones consideradas con autoridad en el mundo musulmán. Tanto en el Líbano, como en el mundo entero, la paz pasa por la construcción de un baluarte doctrinal equilibrado, capaz de contener la marea extremista y la exclusión de carácter religioso. Gracias a la “Declaración de Beirut” de Makassed, los argumentos en esta materia se han enriquecido con un nuevo texto.

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