Continúan los ataques sauditas contra los rebeldes chiíes. Una guerra religiosa, pero también de poder

de Paul Dakiki
La operación militar “Tempestad y firmeza”, ya provocó 39 muertos entre los civiles. Países árabes (sunnitas) junto a Sudán, Turquía y Paquistán contra la influencia iraní en Medio oriente. Entre los objetivos: garantizar el paso del estrecho de Bad-el-Mandel; minar el acuerdo sobre el nuclear iraní. Una fuerza militar inter-árabe debía nacer para combatir a los terroristas del Estado islámico.

Yemen-Sanaa_bombs

Beirut (AsiaNews)- Por el segundo día consecutivo aviones sauditas y de una coalición árabe han bombardeado las posiciones de los rebeldes Houthi chiíes en Sana´a y Adén. Según las estimaciones de los medios, la operación “Tempestad y firmeza” ya provocó 39 muertos entre los civiles.

Esta noche, los ataques han centrado la región de Arhab, en el norte de Sana´a (v. foto); otros han tomado como objetivo Taez (en el sur) y la base aérea de Al-Anad.

Detrás de Arabia saudita, se aliaron diversas monarquías del Golfo (Emiratos, Kuwait, Bahrain, no Omán), varios países árabes (Egipto, Jordania y Marruecos), Sudán, Turquía. Hay también un ofrecimiento de parte de Paquistán. La mayor parte de estos países son beneficiados por Arabia saudita y tiene sectores chiíes en la población, a menudo aplastados por el poder dominante sunnita.

La impresión es la de un conflicto entre países sunnitas y chiíes, teniendo en cuenta que las tribus Houthi, chiíes son acusadas de ser apoyadas por Teherán

En realidad el verdadero objetivo de la coalición parece ser la de frenar la influencia iraní en Medio oriente, rival del reino saudita. En una entrevista a un Tv Usa, Adel al-Jubeir, embajador en Riad, declaró que “los iraníes son aquellos que se entrometen en los asuntos de los países árabes, en Líbano, Siria, Irak, o Yemen.

Por su parte, el ministerio iraní de Exteriores juzgó como “peligrosa” “la agresión militar y los ataques aéreos contra Yemen y su población”, que arriesga “entorpecer los esfuerzos para resolver la crisis con medios pacíficos”.

El conflicto tiene también características económicas: la lucha de los Houthi en Aez y en Adén, amenaza de cerca al estrecho de Bad-el-Mandel, entre Gibuti y Yemen, a la entrada del Mar Rojo. A través de éste pasan por día unos 3 millones de barriles de crudo y una clausura podría comprometer el comercio petrolífero de la península árabe.

Otro objetivo, no confesado, es hacer más difícil un acuerdo sobre el nuclear iraní, cuyos diálogos están en curso en Lausana. Arabia saudita expresó toda su oposición hacia un acuerdo entre EEUU y Teherán. Empujando a los EEUU a tomar parte por la coalición árabe (como está sucediendo), arriesga de arruinar el entendimiento al cual se está llegando.

Las tensiones sunnitas y el brazo de hierro saudita-iraní dan espacio y respiro a los fundamentalistas radicales, presentes en Yemen, en Siria e Irak.

Por el momento hay una silenciosa colaboración entre Irán y EEUU contra el Estado islámico en Irak. Con el desplazamiento de la atención y de los medios militares a Yemen, el Estado islámico y Al-Qaeda en la península arábiga tienen mano libre.

Por ironía de la suerte, de hace tiempo los países árabes hablen de una fuerza militar común para enfrentar el peligro del terrorismo islámico. Ahora esta fuerza-cuyo proyecto fue consagrado ayer en el Cairo, en el encuentro de la Liga árabe- es usada contra Irán y no contra los terroristas del Estado islámico.

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