Irak: el ISIS arrasa la ciudad bí­blica de Nimrud y elimina su legado asirio

La UNESCO habla de crimen de guerra y pide la intervención internacional

Madrid, 06 de marzo de 2015 (Zenit.org) Iván de Vargas

El Ministerio de Turismo y Antigüedades de Irak ha denunciado este jueves por la noche que el autoproclamado Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) ha saqueado y demolido con bulldozers y excavadoras la antigua ciudad asiria de Nimrud. La noticia, difundida en un comunicado, se ha producido apenas una semana después de que ese grupo terrorista difundiera un vídeo en el que mostraba la destrucción de estatuas milenarias en un museo de Mosul y de dos toros alados en una de las entradas a la antigua Nínive, en las afueras de esa ciudad.

El Gobierno no ha proporcionado detalles sobre el desastre pero ha pedido una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU para avanzar en la protección del patrimonio iraquí ante las acciones del Califato, que sigue “desafiando la voluntad del mundo y los sentimientos de la humanidad”.

Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) ha calificado de crimen de guerra esta nueva barbarie de los milicianos del ISIS. “No podemos quedarnos en silencio. La destrucción deliberada del patrimonio cultural constituye un crimen de guerra, y vamos a apelar a todos los responsables políticos y religiosos de la región para hacer frente a esta barbarie”, ha dicho a través de un comunicado la directora general de la UNESCO, Irina Bokova.

“Hago un llamamiento a todos los responsables políticos y religiosos de la región a alzarse contra este nuevo acto de barbarie y recordar que no existe justificación política ni religiosa alguna para destruir el patrimonio cultural de la humanidad”, ha señalado Bokova, quien ha recordado también que “la locura criminal de quienes destruyen la cultura” se combate “con más cultura y con una movilización sin precedentes”.

“La comunidad internacional en su conjunto debe aunar esfuerzos en solidaridad con el Gobierno y el pueblo iraquí para detener esta catástrofe”, ha añadido. Un empeño que la Unesco completará con una labor de documentación y protección del patrimonio de Irak, y con el combate para frenar el tráfico ilícito de bienes culturales, que sirve para financiar el terrorismo, según ha denunciado la directora de esa organización.

Bokova ya había confirmado la semana pasada el daño causado por los yihadistas en Nínive y pidió una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU, así como que el Tribunal Penal Internacional tome cartas en el asunto.

Levantada hace más de 3.000 años, la ciudad de Nimrud –se menciona con el nombre de Cálaj en el Antiguo Testamento– está situada a orillas del río Tigris a unos 30 kilómetros al sureste de Mosul, la segunda ciudad de Irak, que está en manos terroristas desde el pasado mes de junio.

Nimrud fue fundada por el rey Salmanasar I en el siglo XIII a. C. como un pequeño centro administrativo sin gran importancia, hasta que el rey Asurnasirpal II decidió construir allí su nueva capital. La nueva ciudad se erigió en la orilla este del Tigris, con lo que quedaba protegida de los ataques de los arameos procedentes del oeste, y al norte del río Pequeño Zab, que la protegía por el sur.

Para su construcción se utilizaron millares de trabajadores, que tuvieron que nivelar una extensión de 360 hectáreas, construir una muralla de 7,5 km de largo y una altura de unos 15 metros, y un canal –al que se llamó portador de la abundancia– procedente del río Zab, para irrigar la llanura de los alrededores.

Según una célebre inscripción del rey hallada en las ruinas de la ciudad en 1951 conocida como la estela del banquete, cuando finalizó la construcción en el año 879 a. C., se celebró un banquete que duró diez días y al que asistieron 16.000 habitantes, 47.000 invitados, 5.000 invitados extranjeros, y 1.500 dignatarios del estado.

Salmanasar III, hijo de Asurnasirpal II, hizo construir el que se conoce como Gran Zigurat ubicado junto al río Tigris.

La ciudad fue capital de Asiria hasta el año 710 a. C. en que Sargón II la trasladó a Dur Sharrukin, y sus sucesores a Nínive.

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